12 de marzo de 2015

Entrevista a Florentino Juárez, Sonido Forys

Entrevista a Florentino Juárez, Sonido Forys 




Todos los martes y miércoles a las 10 de la mañana, desde Santa María Tulpetlac (Ecatepec, Estado de México), Don Florentino Juárez transmite en directo su programa para Sonideros.tv: un proyecto que desde hace 15 años promueve Luis Valdivia, mexicano radicado en los Ángeles California. Es un sitio web que transmite programas de música sonidera en directo; ofrece video podcast, información sobre eventos sonideros y muchas posibilidades de interactuar con los presentadores y otros oyentes. Es una más de las plataformas transnacionales que conecta a todos los seguidores de la música sonidera allá donde la emigración, por hambre o por amor, los lleve.

Desde 2010 , Don Florentino, líder del Sonido Forys, pone "salsa, cumbia, guarachas y música de la Sonora matancera". Interactúa con los oyentes, hace complacencias y relata historias y anécdotas imperdibles sobre el movimiento sonidero. Nunca ha visto en persona al creador de sonideros TV. Sólo se han contactado por teléfono y por la red.

En 2015 Sonido Forys cumple 41 años de existencia y 5 transmitiendo en vivo a través de sonideros.tv. Por ese motivo, Don Florentino nos comenta algo de su intensa trayectoria como sonidero. Los dejo con él.



Los inicios como sonidero.
A mí siempre me gustaba todo lo relacionado a la música. Cuando era niño mi papá tenía una consola: un mueble aparatoso con radio, tocadiscos y sus bocinas. Ahí me inicié. Él la prestaba a sus amigos y me enviaba a enseñarles cómo se operaba. En realidad me quedaba poniendo la música. Como todo en el barrio es tomar, bailar y divertirse, mientras yo les ponía la música, ellos, mareados por el alcohol, hacían cosas muy divertidas. Así comenzó mi gusto por hacer bailar y disfrutar a la gente.

En 1974 una de mis hermanas cumplió 15 años. Mi hermano conocía un amigo en la colonia Gertrudis Sánchez en el D. F. que tenía un sonido y lo contrató para amenizar la fiesta. Ese fue mi primer contacto con un verdadero equipo de sonido. Fue tanto el impacto que prometí a mis amigos que yo tendría un equipo mejor. Ellos se rieron de mí pero al finalizar ese mismo año ¡ya lo estaba estrenando!!!  Pero no sabía usarlo y se me quemó el mismo día que lo compré. ¡Yo quería llorar! El mismo amigo que amenizó la fiesta de mi hermana me ayudó a manejar el equipo de sonido sin pedir nada a cambio. Entonces empecé a practicar y a perder el miedo al micrófono. De pronto surgió una inquietud: ¿qué nombre llevará? Una noche se me ocurrió juntar las iniciales de los nombres de mis hijos y mi esposa y el mío propio. De ahí salió el nombre que hasta la fecha tiene: Sonido Forys.

Cuando recién armé mi sonido y mientras lo probaba, un transeúnte se acercó y me preguntó cuánto cobraba por amenizar una fiesta de 15 años para el día siguiente. No tenía ni idea y se me hizo fácil decirle que 500 pesos. Me dijo que estaba bien, me dio un adelanto, la dirección y al otro día ya no sabía qué hacer ni dónde meterme. ¡Ya no quería ir! Estaba muy nervioso por mi debut. Solo me persigne y le pedí a Dios que me ayudara y, bendito sea, todo salió bien.

Gracias a la última tecnología ahora es más fácil operar un equipo de audio. La mayoría de aparatos
ya son digitales. Antes nos guiábamos sólo por el oído. Pero ahora ya tenemos más conocimiento. Uno de mis hijos estudió ingeniería electrónica y ahora es el encargado de ecualizar el sonido por medio de computadoras. Se convirtió en mi brazo derecho. Sin embargo, por razones de trabajo viaja mucho por los cinco continentes y ya casi no lo veo. Cuando necesito asesoría nos comunicamos por internet.



















Trayectoria del Sonido Forys
En 40 años nos hemos presentado en todo el país. Con mayor frecuencia en Puebla, Pachuca, Toluca, Guanajuato, Querétaro, Tlaxcala, Morelos, el Estado de México y el Distrito Federal.

Una de las características de mi sonido es que logra transmitir la emoción que me provoca a mí mismo la música. Cuando presento cada tema trato de describir con palabras su temática. Sé cómo animar a la gente para que baile. También sé como recomendar cada tema. He tenido la oportunidad de introducir por primera vez en México canciones que posteriormente se convirtieron en éxitos, ocupando los primeros lugares de las radiodifusoras por años enteros. Uno de esos temas que sonamos por primera vez fue "La colegiala", un auténtico clásico de la música sonidera y de toda la cumbia.

Un día que celebré mi cumpleaños invité a dos de mis amigos sonideros a tocar en la calle de mi casa. En esos días había visitado Radio Voz, ubicada en las Lomas de Chapultepec en el D F., la única radio que transmitía nuestros anuncios de bailes y que por aquellos años estaba en su apogeo. Presenté algunos temas y se me ocurrió comentar lo de mi cumpleaños. Entonces no llegaron los dos sonidos invitados. ¡Vinieron once y todos con su equipo!. Fue algo nunca visto hasta entonces. Logramos reunir más de 4000 personas un miércoles por la noche. Eso fue algo maravilloso. Nunca se habían juntado tantos sonidos en un mismo evento. Y ver toda esa gente fue impresionante. La compañía Peerles de México vino a regalar discos. No lo he podido olvidar y creo que nunca lo olvidaré.



Las discográficas
En los años setenta las discográficas nos regalaban discos de los grupos que tenían en su catálogo. Cuando editaban un nuevo material, nos lo hacían llegar para promocionarlo en los bailes. Después se instauraron premios y nos distinguían con el disco de plata, el Tequendama de Oro o la Tairona de Oro, según la relevancia de nuestro trabajo. En la actualidad cualquiera otorga un reconocimiento, para mi sin validez pues no lo da alguna empresa con prestigio internacional.

Recibíamos mucho apoyo de disqueras como la Peerless que en aquél entonces estaba comandada por el Sr. Victor Nani. Gracias a él, el movimiento creció enormidades. También nos ayudó el Sr. Marco Aurelio Torres de discos Musart. Nos apoyaron también la RCA Víctor, Discos Melody, Discos Gabal, la Capitol y la SAR de México a través de su dueño, ese gran compositor y cantante cubano, el Sr. Roberto Torres.



El Baile
No me considero bailador. A mí lo que me fascina es poner la música y constatar que lo que a mí me gusta le gusta a la gente. Para mí ha sido y seguirá siendo mi mayor gusto o placer hacer bailar a la gente.

En los años setenta se bailaba en la calle sin importarnos el polvo que se levantaba. Ahora las calles ya están pavimentadas y los sonideros ya se escuchan en salones de baile. En ellos la cosa es más tranquila y es más elegante pues la gente se viste un poco mejor. Pero sigue habiendo bailes callejeros.

Algunos pasos característicos de la música sonidera como el tibiri, en mi opinión, vienen desde la época de las películas de Tin Tan en los años cuarenta y cincuenta. Él era el clásico bailarín de barrio o tibiri como se le conocían desde tiempo atrás. Basta checar como bailaba en sus películas el gran pachuco de barrio.

Los pasos de baile son muchos y variados. Los bailadores desde siempre van evolucionando sacando he inventando pasos día con día. Es como la tecnología, no tiene un "stop". Lo más lindo de todo esto es cuando a las fiesta asisten clubs de baile organizados. Ellos le ponen el sabor a la tocada con sus evoluciones. Cada uno quiere superar a otro demostrando con pasos quién es el mejor, por lo menos de esa noche. Eso es fabuloso. Además es una forma de competencia muy sana porque aunque no todo mundo es muy culto, lo que si hemos aprendido los mexicanos es que la música es cultura. Siempre existe la competencia entre bailadores. Por eso siempre están innovando. Eso lo hace más excitante.

En los años setenta lo que más se bailaba era la cumbia. La salsa no era aceptada del todo en todos los barrios. Posteriormente se popularizó. Pero aún ahora la salsa gusta más en el D.F. mientras que en el Estado de México y en el interior gusta menos. Lo que pide el bailador actual sobre todo es cumbia y guaracha. Ahí es donde sacan a relucir sus mejores pasos. En general en las fiestas sonideras todo mundo baila de todo, pero los clubs de baile suelen pedir números fuertes tanto de cumbia como de guarachas, rumba, guaguancó y son montuno. También de salsa pero en menor grado.




En la época de los ochenta sobresalían el Club Manzanero, Club México de Tepito, los Venados de la Raza y el Club Santa Julia. Después surgieron otros tantos como Chucho y sus Traviesos. Estos son los que más recuerdo porque son y seguirán siendo los que marcan la pauta. En la actualidad hay alrededor de 100 clubs de baile bien establecidos

Recuerdo que los gay y travestis han estado presentes en los bailes desde los años setenta. A través del tiempo se han ido agregando muchísimos más. Ellos son la sal y la pimienta en los bailes sonideros. Tienen una forma de bailar un poco diferente que los distingue del resto y la verdad casi en todos los bailes a los que asisten terminan llevándose la noche. Tanto que hay muchísima gente que copia su forma de bailar.

Es posible ver hombres heterosexuales que prefieren bailar con los travestis. Creo que es porque bailan muy bien. Ellos se acoplan fácilmente y sacan los pasos que tu decidas ejecutar a cada momento. Son tan buenos que causan envidia a muchísimas mujeres y en ocasiones llegan a vestir y maquillarse mejor.

En la actualidad hay muchas parejas de novios o esposos que van a los bailes sonideros, pero ellos en ocasiones prefieren bailar con los gay. Pero sólo por sacar sus mejores pasos. Después ya bailan con su pareja pero ya no se meten a la rueda que se forma para ver a los clubs de baile. Nunca he escuchado que las mujeres se quejen de esta situación. Los hombres cambian de pareja (sean gay o mujeres) en el transcurso de un tema buscando quién baile bien, sea quien sea.

Su presencia en los bailes sonideros colabora a la tolerancia social hacia este colectivo. Hoy en día son un poco más respetados en todos los ámbitos. No sólo en los bailes sonideros sino en su vida cotidiana. Yo pienso que son tan humanos como cualquiera. No hay que discriminar a la gente ni por religión ni por su color. Si somos seres pensantes no nos debe importar nada pues ante los ojos de Dios todos somos iguales.