29 de agosto de 2018

"The Who live in Sinaloa": Videomemes musicales, punctum, contrapunto cognitivo y lecturas oblicuas

Ejemplos

Imágenes 1. Principales formatos de memes

1.1. Texto



1.2. Imagen macro 




1.3. Gifs animados

1.4. Videomeme




Imágenes 2. Disaster girl

2.1. Meme fundador de base


Firestarter de Dave Roth (2004)


2.2. Memes igualitarios

9 de agosto de 2018

Seminario Investigación Artística en Música (UNAM, septiembre 2018)



Título del seminario: Investigación artística en música
Impartido por: Rubén López Cano
Fechas: 10-14 de septiembre de 2018 de 16 a 20 hrs.

Descripción: El seminario mostrará técnicas para la construcción de objetos de estudios artísticos, metodologías para desarrollar proyectos de investigación artística y estrategias para la transferencia de los conocimientos producidos.

Objetivos:
Al finalizar el seminario los participantes:
·         Elaborarán proyectos de investigación artística donde la práctica musical juegue un papel fundamental en las preguntas, metodología, transferencia y producción de conocimiento.
·         Conocerán y debatirán críticamente los principales discursos, argumentos, tendencias y contradicciones de la investigación artística en los estudios musicales superiores.
·         Distinguirán las conexiones y diferencias entre la investigación artística y otras rutas de investigación basada en o dirigida a la práctica.
·         Diseñarán nuevos formatos de transferencia de conocimiento directo fuera de la experiencia estética.

Temario:
1.       Discursos, proclamas y aporías de la investigación artística
1.1.    Práctica artística y educación superior reglada
1.2.    Inserción institucional de la investigación artística

2.       Construcción de objetos de estudio artístico/investigativos
2.1.    Nuevos formatos de concierto
2.2.    Creación de nuevos repertorios desde la interpretación
2.3.    Desarrollo de habilidades específicas para la práctica artística: destrezas técnicas, lesiones, estrés escénico y gestión emocional, bienestar del músico, etc.
2.4.    Interpretación crítica
2.4.1. Interpretación performáticamente informada
2.4.2. Análisis para la interpretación
2.4.3. Análisis de la interpretación sonora y gestual

3.       Investigación y práctica artística
3.1.    Investigación basada en la práctica, investigación dirigida a la práctica, práctica dirigida a la investigación, práctica como investigación.
3.2.    Los oscuros caminos de la autoetnografía
3.3.    Justificación, preguntas de investigación, tareas de investigación, objetivos, estado de la cuestión, marco teórico.

4.       Epistémica: el conocimiento producido en la investigación artística
4.1.    Epistemología de segundo orden
4.2.    Conocimiento embebido, procedimental y proposicional
4.3.    Estrategias de transferencia de conocimiento
4.3.1. Transferencia directa e indirecta
4.3.2. Transferencia dentro y fuera de la experiencia estética



Bibliografía 
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____
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____2011.
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6 de agosto de 2018

La cruzada de Avelina Lésper


Avelina Lésper ejerce la crítica de arte a partir de graves carencias formativas en historia del arte y estética. Sin embargo, posee innegables capacidades discursivo-performativas y mucha habilidad para la gestión de debates que incluye una aguda astucia para sembrar trampas fatales a sus contrincantes dialécticos y la monopolización absoluta de los tiempos y el micrófono.

No discute con quien debe sino con quien puede: prefiere confrontar a artistas más que a estetas, críticos o historiadores. Con sus mañas ha puesto en evidencia la enorme fragilidad discursiva de algunos creadores, incluyendo aquellos cuyas poéticas transitan por lo conceptual; es decir, cuyo material de trabajo es en buena parte el discurso. Sus "performances" y escándalos la han encumbrado con el mismo método que denuncia.

Pero sus viscerales argumentos contra algunas manifestaciones del arte actual son engañosos, desinformados y descansan sobre ideas simples y extremadamente reduccionistas. Su eficacia depende no de la exhibición de hechos o argumentos que circulan entre los profesionales de la crítica especializada, historia del arte o estética; sino de movilizar imaginarios, prejuicios y el revulsivo emocional que se agita entre sus apasionados seguidores. En nuestros días, todas estas astucias se suelen asociar al "populismo" y la "posverdad".

En efecto, Lésper no es anacrónica ni decimonónica. Es una conservadora a la altura de nuestros días que suma likes a su causa no por repartir verdades que superan lo "políticamente correcto", sino por restituir subjetividades dañadas por el arte contemporáneo: ha puesto palabras al enfado y zozobra de un número nada despreciable de aficionados y profesionales cuyo gusto por el arte canónico los hace sentir especiales.

Creemos que las obras de arte son objetos únicos e irrepetibles concebidos por seres humanos excepcionales y cuya valoración requiere de una cultura, educación y/o sensibilidad también particular. Si algún elemento de la ecuación falla; si lo que hace un artista "hasta lo puedo hacer yo"; si lo propuesto por una obra no exige ese tipo de gusto especial; si no soy capaz de distinguir entre un objeto cotidiano y otro artístico; entonces se acaba el arte.

Y no basta con cambiar de galería o acotar nuestras preferencias. La sola existencia de instalaciones, performances y videoarte, aunque no las visitemos ni nos interesen, atenta contra la integridad estética de miles de personas que requerimos que exista una definición muy clara de lo que es el arte y lo bello, pues, de otro modo, dejamos de ser tocados por ese hálito mágico y perdemos ese sello de distinción que nos da el gusto estético. Por eso hay que denunciarlas, por eso hay que desaparecerlas.

Una sociedad sana requiere debates profundos sobre las enormes contradicciones del mundo del arte contemporáneo. Que haya gente que reaccione enérgicamente contra el arte que no le gusta, denota la importancia que le otorga una parte de nuestra sociedad. Pero que sean personajes como Lésper quienes lideren la discusión, es simplemente un fracaso total, sobre todo de los profesionales.

Hace poco, tras otro debate tramposo, esta vez con graffiteros, algún indignado saldó sus diferencias con la crítica con un inadmisible pastelazo que terminó por obsequiarle otro performance de esos que la han convertido en una estrella mediática.

Al ideario redentor de estas simulaciones hay que plantarle cara con argumentos e ideas informadas. Profesionales como el crítico colombiano Halim Badawi han dedicado tiempo a desenmarañar sus argumentos falaces. Recomiendo mucho la lectura de su Diatriba contra Avelina Lésper. Este ejercicio debe multiplicarse.

Ahora bien, si usted odia también al arte contemporáneo está en todo su derecho. Pero le recomiendo que informe responsablemente su malestar a través de profesionales serios como el francés Marc Jimenez. Pero recuerde: las buenas críticas al sistema del arte contemporáneo nunca son globales, generales e indiscriminadas como las de Lésper. Éstas las encuentra en reflexiones puntuales sobre el modelo de negocio de determinados artistas o el proceder específico de algunos museos, galerías, instituciones o personas.

Las "enmiendas a la totalidad" indiscriminadas son espacios donde es muy fácil mentir. Véase el caso de Trump o el Brexit.

4 de agosto de 2018

¿Qué defendemos cuando defendemos la música clásica?


Publicado originalmente en catalán en L'Esmuc digital 70, julio-septiembre 2008.

La música clásica está en crisis.[1] Su público disminuye al tiempo que envejece; la media de edad de abonados a temporadas sinfónicas aumenta considerablemente; los índices de audiencia de las emisoras especializadas bajan irremediablemente y las discográficas ni siquiera acceden a dar cualquier dato sobre sus ventas.[2] Todo eso lo sabemos desde hace tiempo.

El tema preocupa a estudiantes y ocupa a algunos centros. El Conservatorio de la Haya, por ejemplo, inició hace unos años un programa de máster que atiende desde una perspectiva artística esta problemática. Su trascendencia ha hecho que se convierta en un proyecto europeo en el que colaboran varios centros del continente: Music Master for New Audiences and Innovative Practice (NAIP). Desafortunadamente en la Esmuc, pese a tener recursos humanos capacitados para ello, no existe una iniciativa similar. Ahora bien, el tema es abordado con cierta frecuencia en TFGs y TFMs donde los y las estudiantes proponen diversas estrategias para atraer nuevos públicos y renovar algunos aspectos de esta tradición.

Hace unos años, Albert Gumí me comentó que lo del envejecimiento del público lo venía oyendo desde que era estudiante. Si eso fuera una tendencia inexorable, comentaba, ahora las salas estarían completamente vacías por defunción de oyentes. Afortunadamente esto no ha pasado. Pero como la media de edad no hace sino subir, podemos concluir que la clásica se ha convertido en una música etaria que, como el bolero o el tango clásico, interpela fundamentalmente a una franja de población cuyas edades superan los cincuenta años.[3] En cuanto nos hacemos mayores tendemos a asistir más a conciertos sinfónicos y entonces entramos en la estadística. Además, ésta nos dice que con el paso de los años, nos incorporamos al deleite de la gran tradición de música de arte occidental cada vez más viejos.

¿Es posible que los grandes compositores como Mozart y sus obras vuelvan a atraer a una audiencia amplia y recuperen sus otrora exitosas ventas de entradas y discos? De hecho lo hacen. Músicos como James Rhodes, Ara Malikian o André Rieu son capaces de vender grandes cantidades de discos o abarrotar los enormes espacios donde presentan algunas de las páginas más conocidas de la música clásica. Apuesto a que esta última frase no gustó. Es verdad que Rieu y similares no representan "la música clásica" sino el crossover de ésta hacia otra escena musical distinta en valores estéticos. Muchos colegas se quejan del mal gusto de sus presentaciones y de la baja calidad de sus interpretaciones. Pero, ¿de verdad es tan malo?



Con frecuencia hago comparar a mis estudiantes su interpretación, por ejemplo, del Bolero de Ravel, con alguna otra de alguna orquesta aceptable para ellos. Los tempi elegidos, su fraseo, afinación e interpretación en general no es demasiado diferente. Lo que no soportamos es el mal gusto de su puesta en escena: el escenario mismo; los fuegos artificiales; la colocación y vestimenta de los músicos; y, por supuesto, las afectadas reacciones del público. En efecto, nos burlamos de esos ricachones anegados en lágrimas viviendo experiencias artísticas elevadas y paroxísticas con el sector más chabacano del repertorio clásico. Sin embargo, lograr esos niveles de emoción, ¿no es el objetivo que persigue todo músico? Parece ser que el que el repertorio de la clásica tenga una segunda oportunidad en otra escena no nos basta. ¿Qué defendemos entonces cuando defendemos la música clásica?

En un concierto reciente, Daniel Baremboim, una vez más, detuvo su interpretación y reprendió a la gente que aplaudía entre movimientos y le tomaba fotos. En un momento dado encaró al público y les dijo: "Sé que estamos todos muy emocionados… Pero, por favor, escuchen hasta el final”. Es bien sabido que Baremboim también se preocupa por el lugar marginal al que se está relegando a la música clásica en la cultura actual y que en su opinión, esto se resuelve con una educación musical adecuada en los colegios. Pero también sabemos que en la época de Mozart, Beethoven o Brahms, los conciertos solían armarse con retazos de obras enteras y que el público comentaba y aplaudía cuando le daba la gana. El silencio y control absoluto del sonido del espacio de concierto es en muy buena medida una influencia de la experiencia de escucha fonográfica en espacios domésticos privados a través de la tecnología que lleva con nosotros apenas más de cien años.

Los casos mencionados apuntan a que cuando defendemos la música clásica no nos basta con preservar un cúmulo de compositores y obras y hacerlas que se escuchen constantemente. No nos basta con que sean conocidas por un público amplio que compre sus discos, quiera asistir a los conciertos y viva intensas experiencias estéticas con ellas. Cuando defendemos la música clásica en realidad defendemos un modo específico de interpretarla, un modo concreto de presentarla y un modo singular de escucharla. Es decir, una serie de conductas, normas y rituales que tejemos en torno a esos compositores y obras. La paradoja histórica es que a lo largo de los últimos cien años, el canon ha hecho que los compositores y las obras que se tocan no cambien, pero sí las conductas y modos de interpretarlas y escucharlas.

Pese a que no estamos muy dispuestos a transformar los rituales de escucha actuales, lo lógico sería que cambien de nuevo y que las nuevas audiencias descubran sus propios motivos para amar la música clásica y seguir haciéndola inmortal. Tal y como lo hicimos en el siglo XX. Y quizá esto se vea atravesado de selfies, posteos en directo y exclamaciones de júbilo aun cuando la música aun no haya terminado. Admitámoslo, cuando defendemos la música clásica, en realidad lo que defendemos son nuestros modos de interpretar, comprender y escucharla. Nos defendemos a nosotros, no a los viejos maestros ni sus grandes obras.
__________________



[1] El tema de la crisis de la música clásica es polémico. Algunos afirman que la clásica simplemente está muerta. Otros dicen que goza de salud y normalidad. Seguro que alguien miente: estas afirmaciones necesitan muchos matices. En España apenas hay estadísticas para fundamentar estas afirmaciones con datos. Pero las estadísticas en Estados Unidos, no son nada esperanzadoras.
[2] Recordemos sin embargo que el disco más vendido de 2016 es de música clásica. El tema contienen muchas paradojas.
[3] Músicas etarias son las que están destinadas a franjas de edad determinadas: las músicas para adolescentes, para niños, para mayores. Algunas músicas envejecen con su público como el charleston, el mambo o cierto rocanrol. Otras interpelan al mismo grupo etario pese al paso de los años como la música para niños como las canciones del Club Super 3 en Catalunya; María Elena Walsh en Argentina o Cri-cri en México.

3 de agosto de 2018

Escribir en inglés

"Para que tus trabajos académicos sean más leídos, citados y obtengan mejores puntuaciones en los índices de impacto y sistemas de evaluación tienes que publicar en inglés". ¿Quién no ha escuchado esta letanía?. Hace unos meses una querida colega me decía que la razón del éxito de uno de sus trabajos más citados es que está escrito en inglés. Hablaba de un muy buen capítulo en un libro colectivo que publicó en una de esas prestigiosas editoriales "PlopPlopPlop University Press".[1]

Malévolamente le pregunté qué hubiese pasado de haberlo publicado en inglés, sí, pero en otro medio, como en la revista TRANS- Revista Transcultural de Música que admite colaboraciones en varios idiomas; es de acceso abierto, es decir, está en línea, es gratuita y cualquiera la puede leer; pero no posee el mismo prestigio internacional de esas editoriales. "Es verdad", reconoció, "en TRANS no hubiera tenido tanto éxito". Entonces reflexionó en voz alta: "su éxito se debe entonces a que además del inglés, está publicado en la 'PlopPlopPlop University Press'".

Yo añadí que, muy probablemente, en su amplia difusión y enormes citaciones influyera que está publicado en una colección de temática realmente innovadora y cuyos editores (únicos autores que figuran en la portada) son muy conocidos y prestigiados en su campo. Y entonces surgieron las contradicciones. Siempre surgen cuando se habla de esto. Mi amiga reparó en que esta no podía ser una causa pues otros capítulos del mismo libro no tenían ni por asomo tantas citas como el suyo. Pero… ¿acaso éstos no están escritos también en inglés y han sido publicados por la misma editorial? Algo no cuadra en la argumentación.

Ni publicar en inglés ni publicar en las prestigiosas … "University Press" garantizan, en todo momento, obtener ni más difusión ni más citas. En algunos casos puede ser una condición necesaria, pero no siempre es suficiente. Puede que aumente la probabilidad de recepción por la cantidad de anglo lectores, pero más allá de la estadística, en este tema se conjugan gran cantidad de factores y variables que hay que considerar. Por ejemplo, ciertos temas pueden ser de interés sólo en determinados nichos académicos muy localizados geográfica y lingüísticamente. También hay factores de oportunidad coyuntural. De pronto ciertos temas, autores, perspectivas o metodologías se ponen de moda en determinados lugares generando nichos localizados ávidos de nuevos estímulos. También juega un papel importante el perfil del o la destinataria del artículo y la profundidad y perspectiva del mismo.

Hace unos meses participé en una larga y fatigosa ciberdiscusión con varios colegas de la IASPM-AL denominada "La supremacía del inglés". En ella abordamos asuntos en extremo dispares como la preocupante hegemonía del inglés en la producción académica mundial y su influencia en los sistemas de evaluación del trabajo académico; en los índices de calidad que jerarquizan las revistas académicas; en la difusión y recepción de nuestra producción académica, etc.

De ese intercambio aprendí algunas cosas que me interesa compartir aquí si bien muchos de estos puntos pueden requerir de mayor reflexión e incluso información.

La supremacía del inglés
En un mundo globalizado, las redes, comunidades y escenas de investigación son cada vez más transnacionales y requieren de una lingua franca para comunicarse. Publicar en inglés, en principio, dotaría a los y las investigadoras de todo el mundo de igualdad de oportunidades para difundir y discutir su producción. Pero plantea también muchos problemas. Ese idioma se está volviendo hegemónico sin importar la lengua materna y de trabajo habitual de les autores.

Por un lado, sabemos los intereses privados, económicos y corporativos que están detrás de la financiación, validación y publicación de la investigación en varias ramas del conocimiento. Por lo regular esos intereses se comunican en inglés. Por otro lado, cada lengua crea una cosmovisión particular del mundo y que el conocimiento se vehicule en un único idioma tendría inevitables consecuencias epistémicas, éticas y políticas.

Pero hay un punto que me preocupa particularmente. Si el inglés se volviera la lengua exclusiva de difusión del conocimiento, millones de personas en el mundo entero quedarían excluidas de él. La uniformidad lingüística crearía más desigualdad.

Sin embargo, no todos los campos de conocimiento se anglofonizan con la misma intensidad. Mientras que en las ciencias duras, experimentales, tecnológicas y los campos con gran repercusión económica, este proceso es rápido, en las humanidades es diferente y más aún en ciertos estudios sobre música. Nuestros colegas que se dedican a la tecnología, sonología, psicología, neurología, psicología, cognición y quizá la teoría musicales, por lo regular, requieren con mayor premura insertarse en comunidades de investigación angloparlantes. En cambio, el ritmo de homogeneización linguïstica es distinto en los estudios de la música en su contexto de significación social, es decir, desde una perspectiva culturalista.

En su excelente libro La Supremacía del inglés en las ciencias sociales (detonante del debate), el brasileño Renato Ortiz señala el aumento exponencial de la producción escrita en inglés en esta área de conocimiento de académicos de Brasil y China. Sin embargo, los que estudiamos las músicas populares latinoamericanas, seguimos leyendo a nuestros colegas brasileños (aún) en portugués y tenemos mucho menos conocimiento de la musicología china que de sus calcetines baratos. Nuestro entorno no se ajusta a la macro estadística. Vamos retrasados en la anglofonización y esto puede deberse a la naturaleza de nuestro objeto de estudio. Por lo regular, muchos de los no luso-hispano parlantes que estudian las músicas populares latinoamericanas simplemente tienen que aprender nuestras lenguas para enterarse de algo.[2] También es probable que en nuestra pequeñísima área de trabajo esté aplicando esa sutil distinción entre ciencias sociales y humanidades.

Sea como fuere, este retraso nos da un poco más de tiempo para reflexionar, reaccionar, y sobre todo, actuar.

Producir vs. traducir
Muchos de nuestros colegas que publican esporádicamente en inglés realmente no producen conocimiento en ese idioma. Más bien reciclan contenidos que ya están circulando en sus respectivas escenas de investigación locales. Es decir, una cosa es la producción académica en inglés y otra la traducción y recirculación de la producción académica en las lenguas "subalternas".

Quienes producen conocimiento en inglés suelen estar arraigados en redes o comunidades de investigación angloparlantes: publican regularmente en sus revistas, asisten a sus congresos, imparten cursos frecuentes en sus universidades, discuten con otros especialistas en el mismo idioma, etc. Muchos de los que publicamos esporádicamente en inglés, permanecemos estables en nuestra escena local o regional y sólo nos asomamos a las redes angloparlantes excepcionalmente. Por lo regular, lo que pudiéramos generar de conocimiento original en inglés, tarde o temprano terminará circulando en nuestra lengua.

Un problema grave es cuando un recurso humano de nuestras escenas de investigación produce exclusivamente en inglés. Veamos un ejemplo. Con el objetivo de dar a conocer las investigaciones musicales de nuestra región a un público internacional más amplio, algunes de mis colegas de la IASPM-AL publicaron este libro colectivo en inglés:
 
Mendívil, Julio, y Christian Spencer, eds. 2015. Made in Latin America: Studies in Popular Music. Routledge.

Según Google scholar, el libro se ha citado en tres trabajos escritos también en inglés:[3]



Kouvarou es una estudiosa griega que realizó estudios de posgrado en Durham y su cita al trabajo de mis colegas les otorga sin duda un éxito en su estrategia de difusión. En cambio, Faustino es brasileño y López-Negrete es mexicano y pertenece también a la IASPM-AL. Ambos escriben sobre música de sus países y trabajan y estudian en instituciones latinoamericanas comunicándose habitualmente en sus respectivas lenguas. No sé cómo estos dos colegas dialogan con el libro Made in Latin America en sus artículos. De lo que sí estoy seguro es que si entre nosotros comenzamos a comunicarnos en inglés, entonces ¡estamos perdidos! Este es, en mi opinión, uno de los riesgos más importantes de la anglofonización de la producción académica.

¿Pero qué otros alicientes "objetivos" hay en publicar en inglés?

Los rankings
Creemos que publicar en inglés favorece automáticamente nuestro posicionamiento en el factor de impacto e índices de evaluación de la calidad de las publicaciones académicas. Es verdad que hay muchísimo más publicaciones en inglés que en castellano o portugués que puntúan alto en estos odiosos índices. Sin embargo, esto no es una ley universal. Veamos un ejemplo:

Para el sentido común de la mayoría de mis colegas, publicar en Ethnomusicology, en inglés, vale más que hacerlo en castellano o portugués en Latin American Music Review (LAMR).[4] Según el Scimago Journal & Country Rank, uno de los índices que se suelen emplear para las evaluaciones (y como todos, con intereses económicos sobre la producción científica), en el año 2008 ambas revistas se ubicaron en el segundo cuartil (el primero sería el máximo). Pero Ethnomusicology sólo llegó a un factor de 0,111 mientras que LAMR subió hasta 0,125. Esto quiere decir que los 4 artículos publicados en castellano y portugués en ese año en LAMR valen lo mismo o más, para este índice, que si estuvieran publicados en inglés en Ethnomusicology.

Los imaginarios a veces no se corresponden con la realidad de las métricas.

Esto no hace mejores a los índices ni a los sistemas de
evaluación que debemos seguir criticando implacablemente pues, entre otras cosas, siempre van a favorecer a las revistas en inglés. Simplemente nos habla de que el sistema tiene fisuras y contradicciones y siempre que hay contradicción en el sistema, hay posibilidades de acción a nuestro favor. Pero también nos dice mucho de los prejuicios dominantes en relación a la publicación en inglés.

Publicar en inglés nos va a dar más citas
Relacionado con el anterior, este es otro ideologema que se repite constantemente. Durante la discusión mencionada eché un vistazo a plataformas que contabilizan nuestras citas como Google scholar, Scopus o Web of Science (WoS). Hurgando en los perfiles de varios colegas iberoamericanos que publicamos esporádicamente en inglés, noté que la tendencia es que nuestros artículos más citados son siempre los que están escritos en nuestra lengua principal de trabajo. Los que trabajamos en áreas hispano-lusófonas tenemos más citas en los artículos escritos en estos idiomas, pero también los y las colegas iberoamericanas que trabajan en otras áreas lingüísticas no anglófonas, suelen tener también más citas en sus idiomas de trabajo principal como el alemán o el francés. Sólo nuestres colegas que trabajan en países anglófonos tienen más citas en sus trabajos en inglés.[5]

Esto es sumamente interesante pues habla de cómo se forman las redes de distribución, recepción, lectura y citación de nuestra producción. Además, sugiere que si queremos comprender la recepción de nuestro trabajo, incluyendo el dónde, quién y cuánto se cita, es conveniente rastrear el desarrollo de estas redes. Yo he seguido la red de citaciones de algunos de mis trabajos a partir de la información de Google scholar y es muy revelador descubrir para quién trabajo y el uso que se le da a mi producción.

Lo evaluadores son anglofílicos
Los colegas que suelen evaluarnos en las distintas agencias de nuestros países suelen puntuar más alto las publicaciones en inglés. Definitivamente, comparten los mismos prejuicios de nosotros en relación al valor de publicar en ese idioma.

Desafortunadamente los sistemas de evaluación a los que sometemos regularmente nuestro trabajo son discrecionales y diferidos. Lo único que podemos hacer, desde el mismo sistema, es agregar en nuestros informes de publicación las métricas de cada una de ellas según aparece en los diferentes rankings de factor de impacto e índices de evaluación, y esperar a que los evaluadores se fijen más en los datos cuantitativos que en sus prejuicios.

Con mucha frecuencia, cuando a algún colega español le recomiendo que publique en su idioma en alguna revista latinoamericana reconocida en los índices de referencia, inmediatamente pone reparos pues "esa revista aquí ningún evaluador la conoce". Pues no hace falta que la conozca: simplemente indica los índices en los que está y sus métricas. Y esperemos que use más su ética que sus prejuicios.


Las bases de datos y buscadores priorizan la información en inglés
Eso es verdad y por eso todos los artículos suelen tener un resumen en inglés además del idioma en que está escrito, para que entre en bases de datos y buscadores en "igualdad de circunstancias". Pero esto no es tan fácil. El orden de aparición de resultados en buscadores como Google scholar, por ejemplo, depende de numerosos factores. Pero aquí también tenemos cierta capacidad de acción.

Buscar información académica nunca es un ejercicio neutro: dependiendo del sitio donde busquemos estamos sujetos a políticas, ideologías, discursos e intereses específicos. Por ello, cuando busco información académica, de vez en vez, limito el rango de búsqueda a idioma español y/o portugués para conocer qué se ha escrito sobre el tema de mi interés en esas lenguas. Por otro lado, suelo hacer consultas abiertas a mis colegas en listas de discusión y redes sociales, preguntándoles si conocen trabajos en nuestras lenguas sobre ese tema. Los resultados pueden llegar a ser bastante interesantes.

Valor fáctico vs. Valor simbólico de publicar en inglés
Sin lugar a dudas existe un valor simbólico en publicar en determinadas revistas en inglés. Considero que este valor es anterior al establecimiento de los demenciales sistemas de evaluación cuantitativos actuales. Los que tenemos cierta edad, cuando éramos estudiantes ya soñábamos con publicar en Ethnomusicology, Popular music o Music Analysis antes que se inventara este sistema.

Sin embargo, en nuestro discurso suele aparecer con mucha frecuencia una confusión entre el valor métrico objetivo y el valor simbólico de publicar en inglés en revistas conocidas. Por lo regular disfrazamos el valor simbólico íntimo con una funcionalidad determinada (obtener más citas, tener mejores resultados de evaluación, difundir nuestro trabajo, etc.) sin verificar los resultados de esta estrategia. En este sentido, algunas de mis contribuciones para las "PlopPlopPlop University Press" han sido todo un fracaso estratégico. Y no soy el único.[6]

Nos quejamos más de lo que conocemos
Después de mucho discutir sobre el tema con diferentes colegas, creo que conocemos bastante mal cuáles son y cómo funcionan los sistemas métricos de valoración de nuestra producción. Tampoco estamos siempre conscientes de su particular aplicación en nuestros entornos de trabajo. Por más que los detestemos, con justificadas razones, como profesionales de la investigación estamos obligados a conocerlos bien. Por un lado, tenemos la responsabilidad de enseñar su funcionamiento a nuestros estudiantes. Pero aun para criticarlos o cuestionarlos en su totalidad, es necesario conocerlos a fondo. Incluso si lo que pretendemos es demolerlos, o mejor, proponer alternativas.

También desconocemos mucho las trayectorias de recepción de nuestros trabajos. Dónde, quién, cuándo y cómo se nos cita. Qué tipo de nicho académico alcanza nuestra producción. Qué es lo que hacen nuestros colegas con el conocimiento que generamos.

Publicación de proximidad
Buscando en nuestros perfiles en los recursos como Google scholar, Scopus o WoS, es posible constatar que en la difusión de nuestro trabajo, solemos ser animales de costumbres fijas: con mucha frecuencia publicamos recurrentemente en un número limitado de revistas. Hay cierto sentido de proximidad entre los medios de difusión de nuestro trabajo y nosotros. Los medios forman parte de nuestras escenas de investigación y otorgarles la distribución de alguna de nuestras producciones, parece que transita por una especie de corredor de confianza mutua.

En ¿Dónde publicar artículos académicos sobre música en castellano y/o portugués? he recopilado un centenar de revistas de las cuales 30 aparecen en los dos rankings de referencia internacional: el WoS (que comprende el Arts & Humanities Citation Index y el Social Sciences Citation Index) y el Scopus. Algunas de estas revistas poseen métricas bastante competitivas.

Para elaborar este listado pregunté entre mis colegas dónde suelen publicar. Pero muchas otras que están muy bien posicionadas, son completamente desconocidas en mis escenas de investigación. Las encontré siguiendo el rastro de las publicaciones en castellano o portugués de colegas comunicólogos, filólogos, literatos, filósofos y otros especialistas de prestigio en las ciencias humanas y sociales. De entre esas publicaciones seleccioné las revistas mejor puntuadas. Entonces busqué en ellas artículos sobre música: si alguien publicó en ellas temas musicales, entonces cualquiera de nosotros lo puede hacer. El resultado son autores, temas y problemáticas musicales difundidas en castellano y portugués en revistas que no conocíamos ni yo ni mi entorno y que son bien tratadas en los índices de evaluación.

Preparados para la acción
El sistema funciona así: los índices y rankings de referencia internacional como los que ofrecen las bases de datos WoS y el Scopus, sólo admiten revistas que citan mucho a otras revistas que aparecen en ellos mismos. Para que una cita a un trabajo nuestro figure en ellos, nuestro trabajo deberá, primero, publicarse en una revista incluida en sus bases de datos y, segundo, deberá ser citado por otro artículo que haya sido publicado en otra revista también incluida en las mismas. Así de circulares y endogámicas son las reglas del juego. Los organismos gestores de la investigación de cada país suelen generar sus propios rankings e índices. Pero el funcionamiento es similar y su gestión simplemente es igual de canalla.

Una gran cantidad de revistas donde solemos publicar aun no entra en las bases de datos antes mencionadas. Muchas están trabajando para ser admitidas. Técnicamente es cuestión de tiempo, como lo es que todas nuestras citas sean reconocidas por los rankings globales, regionales o nacionales. Pero por el momento vamos muy, muy atrasados. Como autores y autoras, si es nuestro deseo, tenemos mucho margen de acción para colaborar con los gestores de esas revistas en su empresa de integrarlas a esos sistemas de evaluación. También podemos hacer mucho para colaborar con una crítica a profundidad del sistema, en sus partes o en su totalidad. Lo que no podemos hacer, en mi opinión, es seguir trabajando sin conocer a fondo el sistema y sin tomar posiciones responsables ante él.

Estas pasan por generar alternativas, realizar propuestas e implementar acciones frente a esta realidad. La queja constante y los discursos victimistas (muchas veces racializados: "el problema es que somos latinoamericanos"; "somos del sur") que se limitan a la enumeración infinita de agravios, sólo colaboran a constituirnos en sujetos pasivos. En lo personal, en mis clases y escritos prefiero colaborar a la construcción de subjetividades dinámicas, críticas, creativas y actuantes que se miren a sí mismas y a su producción académica como pares legítimos de cualquiera en el mundo sin importar la lengua en que se comuniquen. 

Como autor, mi objetivo fundamental al escribir es generar conocimiento pertinente que llegue a quien lo necesite. Por eso trabajo bastante para que la mayor parte de lo que genero esté disponible gratuitamente en línea. Pero como académico profesional, necesito tener puntos en los rankings. Por ello intento compatibilizar ambos compromisos de manera crítica y con inventiva.

Estamos condenad@s a convivir y sobrevivir a estos sistemas. Nuestras instituciones nos obligan a cumplir con ellos. Podemos hacerlo con imaginación, sin dejar de criticarlos, sin asumir pasivamente sus lógicas, promoviendo su transformación y proponiendo alternativas, incluso si éstas pasan por dinamitarlos.

El inglés en nuestras vidas
Existen muchos colegas que legítimamente quieren
integrarse a las comunidades de investigación que se comunican en inglés. Están en todo su derecho. Pero existen también instituciones que obligan a sus docentes a realizar este movimiento. Eso es inaceptable. Como es inaceptable que por difundir mi producción académica en mi lengua de trabajo, el sistema me penalice. Las solución pasa por reconfigurar el valor que le concedemos al inglés.

Postdata
Durante ese debate generé como 4 o 5 propuestas diferentes para defendernos activamente de la injusticia de estos sistemas y de la desinformada anglofilia. Estas incluían iniciativas para lograr que nuestros libros, los grandes marginados en la evaluación, puntúen o algunos apuntes de buenas prácticas en publicación para afrontar estas arbitrariedades. Debo revisarlas a fondo antes de compartirlas aquí pues deben tener muchos defectos ya que tuvieron muy escaso recorrido y tibia acogida. Porque tod@s queremos poner sobre la mesa propuestas y alternativas para la acción… ¿o no?






[1] Sí, esas que te sobreexplotan como autor y te exprimen hasta la ignominia como editor o coordinador de un volumen: tienes que hacerles todo el trabajo para luego ver como comercian con tu libro a precios obscenos sin que tu veas un céntimo de regalías. Académicos artistas solemos pagar por nuestro cv.
[2] Mi «Notes for a Prehistory of Mambo» (2016), según Google scholar, no tiene citas aun pero su versión en castellano del 2009 tiene cuatro citas: una en castellano (tesis), dos en inglés (tesis) y una en japonés (artículo).
[3] Espero que en tres años el libro tenga muchas más citas. De lo contrario cabría replantarse la eficacia de este tipo de estrategias.
[4] Esta revista acepta artículos en inglés, castellano y portugués.
[5] Esta es la tendencia general que descubrí. Puede cambiar con los años y había un par de casos donde un trabajo en inglés era citado tanto como alguno en su lengua de trabajo habitual. Pero nunca lo superó y la impresión es que se trataba de un one hit wonder.
[6] Mi "Spanish Popular Music through Latin American eyes" (2013), figura en Google scholar con una sola cita en una revista española destinada a jóvenes investigadores. "Music and Post-Communist Subjectivities in Cuba" (2014) tiene sólo dos citas. Una en una tesis en la universidad de Miami y la otra de un colega brasileiro.

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