15 de febrero de 2012

La pronuntiatio musicale


El pasado 13 de febrero de 2012, el oboísta Rafael Palacios defendió su tesis doctoral La pronuntiatio musicale: une interprétation rhétorique au service de Händel, Montéclair, C. P. E. Bach et Telemann, en la Université Paris Sorbonne. El tribunal lo formamos las musicólogas Raphaëlle Legrand (Sorbonne) y Catherine Massip (Sorbonne); el fortepianista canadiense Tom Beghin (McGill University) y Rubén López Cano (ESMuC).

En mi opinión, la tesis realiza un aporte fundamental para el desarrollo de la musicología performativa: la investigación musicológica realizada a partir del instrumento musical o por medio del instrumento musical, con el objetivo de informar la interpretación musical y que, en este caso, pretende incidir directamente en los modelos de interpretación de la música antigua que tenemos en nuestros días.

Pero por otro lado, el trabajo incide directamente también dentro del ámbito de la tradición de investigación y aplicación de la retórica a la música. Con ello me refiero por supuesto al corpus teórico histórico desarrollado durante los siglos XVII y XVIII y que conocemos con el nombre genérico de Musica poetica. Pero también la tesis realiza un aporte considerable a la semiótica musical.

El elemento sustancial del trabajo, me parece, es su intento de construir toda una pronuntatio musical destinada a conceptualizar, analizar y teorizar sobre algunos elementos del proceso de interpretación. La pronuntatio es ese ámbito fundamental de la retórica dirigida a normativizar los aspectos de la performance del orador. Este campo no fue atendido por los tratadistas del siglo XVII y XVIII con la misma intensidad y cuidado que otras áreas de la retórica como la invento (los procesos heurísticos para la generación de ideas y argumentos del discurso), la dispositio (la distribución de los argumentos en zonas estratégicas para la argumentación discursiva) o la elocutio (la puesta en palabras del discurso, particularmente, la aplicación de figuras retoricas o desvíos capaces de dotar de elegancia al lenguaje, pregnancia discursiva y llamar la atención del oyente y de persuadirlo).



El trabajo de Palacios repite el ejercicio transdisciplinar que realizaron en su momento los tratadistas de los siglos XVII y XVIII: toma como base los conceptos, categorías y metalenguaje de la retorica clásica para modelar una teoría de la elocuencia musical. En este caso, el autor logra una afortunada batería de términos que conceptualizan muy bien fenómenos de la interpretación musical. De este modo los califica ya sea como vicios o como licencias retóricas.

La nociones que propone, como prothèsis, paragogê, diacrèsis, éctasis, synaloephê, syncopê, barbirolexis o l’amphibolia, podrían convertirse en categorías analíticas portadoras de una gran dimensión cualitativa, valorativa y humanística. Esto constituye toda una alternativa a los actuales estudios de análisis de la interpretación musical, dominados por la literatura en inglés, y que se desarrollan por medio de metodologías fundamentalmente cuantitativas.

Pienso en los trabajos desarrollados, por ejemplo, por el Research Centre for the History and Analysis of Recorded Music a cargo de respetados musicólogos como Nicholas Cook o John Rink. Ellos han desarrollado software que permite cuantificar detalladamente aspectos de la interpretación musical como los cambios de tempi. Sin embargo, las categorías propuestas por Palacios son cualitativas, son inconmensurables y abren la posibilidad de un análisis musical de la interpretación, retórica y hermenéuticamente fundado. Abren espacio a las humanidades para que entren de nueva cuenta en los estudios musicales. Este me parece uno de los aportes más importantes de la tesis. Se trata de una propuesta sustancial, sumamente necesaria y útil. Es el retorno de Burmeister y Mattheson a la teoría de la música. El retorno de Ciceron y Quintilliano a los estudios musicales. Creo que esta tesis constituye uno de los mayores aportes de los estudios de la retórica musical en los últimos treinta años.

Hoy es como si la Sagrada Familia de Gaudí se hubiese al fin concluido. Una de las empresas de teoría musical más fascinantes de todos los tiempos que comenzó a principios del siglo XVII en Rostock de la mano de Joachim Burmeister (1566 - 1629), culminó por fin ayer su programa teorizador en París, gracias a Palacios. 



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