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20 de enero de 2021

Evaluación por pares anónimos: algunas estrategias para autores y evaluadores

 1. Introducción

La evaluación de artículos o proyectos realizada por pares anónimos es un aspecto fundamental de la vida académica. Nos la encontramos, por ejemplo, en los procesos editoriales: cuando queremos publicar un artículo en una revista académica reconocida, además de las revisiones del equipo editorial del medio, nuestro trabajo debe pasar por el arbitraje realizado por un par profesional: una persona especialista en el tema del artículo que debe realizar una evaluación razonada sobre el aporte, oportunidad e idoneidad de los contenidos del texto desde la perspectiva del conocimiento y el estado de la investigación en un campo profesional específico. A partir de su dictamen, la revista decidirá publicar o rechazar nuestra propuesta.

Durante estos procesos, es frecuente que nos encontremos con problemas como los siguientes:

 

  • El mal uso que algunos evaluadores hacen del poder que ofrece el anonimato.
  • La discriminación y hasta racismo que ejercen algunas revistas prestigiosas contra algunos autores que trabajan en espacios o países periféricos.
  • Las actitudes negligentes de editores que no atienden la comunicación con los y las autoras de manera razonable.
  • Las evaluaciones que no se ciñen a los objetivos y problemas que aborda el artículo que enviamos y que terminan por exigir un artículo completamente distinto.
  • La escritura críptica de algunas evaluaciones que no expresan con claridad sus argumentos, observaciones y sugerencias.

 

A esta lista de problemas habría que señalar también algunas contradicciones del sistema académico de evaluación. Si la evaluación por pares anónimos es tan importante como se nos dice, entonces podríamos preguntarnos por qué no tiene apenas valor en la evaluación cuantitativa de nuestro desempeño académico que realizan los centros para los cuales trabajamos o los organismos de gestión de trabajo académico de nuestro país o región. Es sintomático que no se enseñe a estudiantes de posgrado la técnica y ética de este tipo de evaluaciones y que las revistas académicas no coordinen y consensuen sus protocolos y procesos de evaluación. Por último, no deja de ser paradójico qué si bien nos quejamos tanto de ese sistema y sus vicios, no dediquemos apenas tiempo a proponer mejoras, códigos deontológicos y compartir y consensuar buenas prácticas en su aplicación entre nuestras comunidades de investigación.

Como investigador activo me han evaluado cientos de veces y he evaluado otras tantas. Además, como miembro de consejos de varias revistas y antiguo editor principal de alguna de ellas, me ha tocado observar, proponer y gestionar muchas estrategias para optimizar este tipo de trabajo y, sobre todo, para intentar hacerlo de la manera más justa posible. Con el objetivo de colaborar al debate y a la promoción de buenas prácticas en este tema, comparto a continuación algunas de las estrategias que sigo como autor evaluado o como árbitro evaluador dentro de un proceso editorial. Pero antes hay que atender el siguiente…

 

2. Principio general

La responsabilidad última de la publicación de un artículo académico es de la revista y su equipo editorial. No es de quien realiza el arbitraje o evaluación externa. Éste emite una opinión profesional que sólo alguien que investiga profesionalmente sobre ese mismo tema es capaz de hacer. La decisión final de la suerte del texto siempre es de la publicación. De este modo, el dictamen del arbitraje externo está dirigido a la revista, no a el o la autora del artículo.

 

3. Gestión de la evaluación de pares anónimos como autor

Como autor, de un arbitraje deseo fervientemente dos cosas: 1) que colabore a que mi texto mejore en todos los aspectos, desde los contenidos hasta en su comunicación, y 2) que las correcciones no destruyan masivamente mi discurso, me hagan dar marcha atrás en aspectos fundamentales de mis argumentos y que me obligue a rehacer una parte importante de la investigación condenándome a inhumanas horas extras de trabajo. En el proceso de revisión, el arte consiste, para mí, en negociar entre estos dos principios. Comparto ahora algunas estrategias con las que gestiono este proceso.


 3.1. Pactar el dictamen

Los editores elegantes no envían el dictamen a los y las autoras tal y como lo recibieron del arbitraje externo: éste es para ellos. En su lugar, se ocupan de hacer un resumen donde destacan algunas instrucciones precisas que se han de seguir para mejorar el texto. En éste suelen agregan otras observaciones realizadas por el mismo equipo editorial. Desafortunadamente eso casi nunca ocurre. Por lo regular, se nos envía el dictamen original que en muchas ocasiones propina bastantes desafíos hermenéuticos: es muy difícil de entender y traducir en acciones prácticas de corrección.

Como la revista es la última responsable de lo que publica, es necesario ajustar criterios con ella y pactar qué es exactamente lo que ha señalado y desea de nosotros la evaluación. Por ello, lo primero que hago es enviar a la persona editora con la que estoy en contacto, una lista numerada con cada uno de los requerimientos y correcciones que, a mi entender, demanda el árbitro en su informe. Me esmero en que mi lista se exprese en frases cortas, simples y claras.

Una vez enviada, el editor suele precisar mi lista pues con alguna frecuencia me dejo fuera alguna observación o minimizo alguna petición importante. Lo relevante de este proceso es que la revista y el autor estén de acuerdo en los puntos nodales de la evaluación y compartan un mismo diagnóstico.

 

3.2. Pactar las correcciones

Una vez pactado el diagnóstico, envío otra lista detallando exactamente cada una de las acciones que voy a tomar para atender los puntos de la lista anterior. Por ejemplo:

1) El autor no menciona determinados trabajos.
Corrección: en tal sección haré una referencia a esos trabajos y explicaré por qué no los he considerado en la argumentación principal del artículo.

2) La estructura del trabajo es defectuosa y no se define bien su objetivo en la introducción.
Corrección: cambiaré el orden de las secciones [precisar cuáles y cómo] y enumeraré los objetivos principales en la introducción.

3) No define ni ofrece referencias para algunos términos y conceptos.
Corrección: en la primera aparición de cada uno de esos términos haré una nota al pie con su definición y referencias a sus autores.

Una vez que el editor me confirma, corrige o precisa esta lista, me pongo manos a la obra: nunca antes.

 

3.3. Aplicar las correcciones

Algunos consejos para el momento de trabajar en las correcciones:

3.3.1. Precisión exquisita de lenguaje

Si el árbitro pide “mencionar” yo menciono; si pide “analizar” yo analizo; si pide “considerar” yo considero… pero tomo en cuenta que “considerar” no necesariamente implica “mencionar” o “explicar”. Hay que trabajar exactamente en lo que se nos exige evitando sobre-interpretar las intenciones arbitrales.

3.3.2. Bibliografía recomendada

En muchas ocasiones los evaluadores nos piden incluir bibliografía y autores que no tomamos en cuenta en el manuscrito enviado. A veces se trata de olvidos involuntarios cuyo señalamiento siempre se agradece. En otros casos puede ser que no los consideremos relevantes para nuestra argumentación. Sin embargo, es comprensible que a cierta comunidad de usurarios potenciales de nuestro texto les parezca importante relacionar nuestro discurso con ese campo bibliográfico. En estas dos circunstancias el olvido se salda fácilmente con un par de notas al pie de página donde se menciones esas referencias explicando su ausencia en la argumentación principal. Podemos prometer un estudio a profundidad de esa bibliografía en un trabajo posterior o explicar sin complejos que hemos decidido dejarla fuera porque no la consideramos relevante para nuestra investigación pero dejamos constancia de este diferendo y que quien lea nuestro artículo que realice sus propias valoraciones.

Sin embargo, en determinado momento podemos sentir que el evaluador se está aprovechando de su posición para imponernos citas a trabajos propios o de su entorno. En este caso hay que compartir esta percepción con el o la responsable editorial de la revista con quien estamos en contacto. Si lo ve del mismo modo es posible que nos libere de cualquier acción correctora. Ahora bien, si en el dictamen aparece la exigencia de mencionarlos y el editor quiere que nos apeguemos a la evaluación, tenemos varias opciones. Una de ellas es retirar nuestro texto de la revista para no participar de esa injusticia y llevarlo a un medio más respetable. Otra posibilidad, la que suelo frecuentar, es abrir una nota al pie en un lugar intrascendente, mencionar esa bibliografía sin ofrecer muchas explicaciones y “agradecer” ese “aporte” a quien quiera que haya hecho la evaluación anónima.[1]

3.3.3. La evaluación desea otro artículo

Cuando en la evaluación se nos reclama por informaciones, análisis y argumentaciones que consideramos que no están relacionadas directamente con los objetivos que nuestro trabajo pretende alcanzar, debemos comunicárselo a la persona encargada de la edición de nuestro texto y llegar a un acuerdo. Estas observaciones deberían de desaparecer o bien de ocupar lugares muy marginales del primer listado que envío para pactar el dictamen (ver sección 3.1).


 4. Gestión de la evaluación de pares anónimos como árbitro

 

4.1. Características del texto a evaluar

Todas las revistas serias exigen un mínimo de calidad a los manuscritos que reciben. Por ello, antes de enviarlo a un arbitraje externo, todo artículo debe pasar una evaluación básica realizada por el equipo editorial. En ésta, se ha de verificar aspectos fundamentales como los siguientes:

 

  • El trabajo plantea un objeto de estudio, problema o pregunta de investigación bien definidos.
  • Se ocupa en resolverlos aportando información suficiente y pertinente extraída de bibliografía previa y/o trabajo de campo original.
  • Sobre el tratamiento de esta información desarrolla argumentaciones y reflexiones a partir de las cuales propone hipótesis o tesis portadoras de conocimiento nuevo o relevante.
  • Posee coherencia lógica, estructura y un discurso apropiados al nivel, especialidad y perfil de la revista en la que se pretende publicar.

 

Cuando una revista nos solicita un arbitraje suele enviarnos el resumen para hacernos una idea de su contenido.[2] Con relativa frecuencia, después de revisar el resumen y aceptar realizar la evaluación, recibo un artículo que no reúne las características anteriores. En ese caso declino hacer la evaluación y lo comunico a la revista. Si creo que se trata de un error por falta de experiencia me armo de paciencia y explico las razones de mi decisión. En todo caso intento transmitir mi inconformidad: si un artículo académico no cumple con esos requerimientos básicos debe ser rechazado por la revista y ésta debe notificar directamente a el o la autora las razones de la devolución en un informe explícito y claro. Enviarlo a arbitraje externo en esas condiciones no es sino pretender que el o la evaluadora haga un trabajo que le corresponde exclusivamente al equipo editorial.

 

4.2. Primera disyuntiva: rechazar o aceptar con cambios

Si el trabajo reúne los requisitos mínimos anteriores continúo con la evaluación. Un momento crucial en el proceso es decidir si el texto se rechaza o se acepta con cambios. No se trata sólo de la suerte del artículo. Esta disyuntiva entraña dos tipos de trabajos evaluativos muy distintos. Si se decide rechazarlo hay que aportar una argumentación detallada que se debe reflejar en un dictamen cuya elaboración exige tiempo y esfuerzo. Algunos arbitrajes se quieren ahorrar esta faena y les parece más cómodo aceptarlo con cambios. Entonces exigen que se repitan fases enteras y básicas de la investigación. Esto es inaceptable.

Por otro lado, cuando se decide aceptar un texto para ser publicado con cambios, entonces se transforman sensiblemente las condiciones de nuestra colaboración como árbitros de la revista. Ya no nos comprometemos sólo con los contenidos académicos de artículo, sino que también adquirimos cierta responsabilidad en el proceso editorial como veremos más adelante (ver la sección 4.4.).

 

4.3. Articulo rechazado

Un trabajo suele ser rechazado porque muestra deficiencias graves en algunos de estos aspectos:

 

  • Pertinencia y oportunidad del objeto de estudio o preguntas de investigación.
  • Conocimiento del estado de la discusión del tema entre las comunidades de investigación especializadas.
  • La información de entrada sea bibliográfica o trabajo de campo.
  • Metodología.
  • Argumentación, inferencias, interpretación y aseo intelectual.
  • Calidad, verosimilitud y fuerza de hipótesis, tesis y conclusiones.
  • Aspectos estructurales y de técnica de escritura académica.

 

Si considero que el artículo no cumple con suficiencia algunos de estos aspectos; si hay errores, omisiones graves o no son pertinentes sus contenidos de acuerdo al estado actual de la investigación y discusión académica de ese tema, entonces debo rechazarlo. En este caso hay que elaborar un informe muy completo y argumentado donde se expliquen claramente cada una de estas deficiencias. El informe debe exponer diáfanamente las razones del rechazo a el o la autora y de preferencia deberemos aportar alguna sugerencia para que mejore la calidad de toda la investigación en diferentes aspectos como en la bibliografía, metodología, ejemplos o casos, etc. Eso lleva bastante trabajo. La vida no es fácil.

 

4.4. Articulo aceptado con cambios

Como he mencionado, aceptar con cambios un texto implica que nuestro trabajo evaluador debe colaborar en el proceso editorial. Ahora el objetivo final no se limita a señalar las deficiencias en los contenidos de la propuesta, sino que debemos contribuir al funcionamiento del trabajo como texto académico. Por ello, el dictamen, además de señalar las insuficiencias, debe aportar soluciones prácticas posibles y viables que puedan subsanarse dentro del proceso editorial en tiempos y esfuerzos razonables.

De este modo, es posible pedir a los autores que revisen algún recurso bibliográfico que no se consideró, que corroboren algún dato del trabajo de campo, que corrijan algún error en la argumentación, etc. Sin embargo, no podemos exigir que repitan fases enteras y básicas de la investigación. Si las tesis o hipótesis principales están afectadas por carencias graves en los aspectos básicos ya mencionados, entonces se tendrá que rechazar. Pero si los conocimientos principales aportados poseen relevancia pese a algunos de estos problemas, entonces debería ser posible resarcirlos a partir de tareas de investigación simples, no muy aparatosas o incluso desde la escritura misma. En efecto, en ocasiones se puede matizar, relativizar o eliminar del texto alguna información de la cual no dependan de manera capital las conclusiones principales.

Una vez supe de un árbitro que tras aceptar con cambios un artículo, le exigía a su autor la revisión de diez libros fundamentales que no había incluido en la bibliografía. Esto no tiene sentido. Si un artículo padece de omisiones de ese tamaño, simplemente no puede funcionar adecuadamente y debería rechazarse sin más. Pero si un árbitro lo acepta a condición de incluir tantos libros en la argumentación principal, entonces lo que no funciona es la evaluación y también debería rechazarse. Los editores tienen la responsabilidad de no tomar en cuenta dictámenes que se hayan realizado desde la mala fe, negligencia, incompetencia o que sean incomprensibles. Para eso están también los consejos asesores de las revistas (no sólo para figurar en una lista onomástica de honor). Colegiadamente, una publicación puede y debe rechazar un arbitraje no reúna requisitos mínimos de calidad. En ese caso se debe notificar a quien hizo la evaluación que su aporte no será tomado en cuenta y, por supuesto, se le deben explicar las razones. Editar una revista no consiste solamente en reenviar correos entre evaluadores y autores; hay que ensuciarse de vez en vez y tener cierta disposición a despertar alguna enemistad.

 

4.5. El informe o dictamen de un artículo aceptado con cambios

La mayoría de las revistas envían un formulario para redactar el dictamen. Independientemente de esas estructuras, cuando evaluó un artículo, intento dividir mi informe en cuatro partes:

1. Breve descripción del trabajo.

Aquí señalo su objeto de estudio, metodología, resultados, aportes, etc. También subrayo las razones por las cuales debe ser aceptado. Aquí es muy importante perfilar con precisión el objeto, preguntas o problemas de investigación planteados en el artículo. Esto nos ayudará a evitar sugerencias o correcciones que excedan los propósitos originales del texto.

2. Enumeración general de sus carencias y problemas.

Se trata de una visión panorámica por lo que aquí si me puedo permitir señalar problemas de investigación interesantes dentro de ese ámbito de trabajo que el articulo evaluado no aborda: “se echa en falta…”; “actualmente la investigación en ese ámbito se ocupa de…”. Fuera de este espacio, este tipo de observaciones deben evitarse. 

3. Correcciones.

Esta es la parte medular y más delicada. Aquí detallo las instrucciones de cada una de las acciones imprescindibles que deben realizarse para publicar el texto. Las enumero y procuro ser muy específico con el lenguaje: “mencione”, “introduzca”, “elimine”, “cambie”, etc. Las indicaciones deben ser exactas y se debe procurar dar alternativas de realización: “introduzca en el cuerpo de texto o en una nota al pie ….”. Si el o la autora no aplica estas correcciones, simplemente el articulo no puede publicarse. Por lo menos eso es lo que yo escribo. Luego la revista hará lo que considere oportuno.

4. Observaciones opcionales.

Al final incluyo algunas recomendaciones que en mi opinión mejorarían el artículo pero que de ningún modo son condicionantes para su publicación. Si el o la autora no desean implementarlas, pues no pasa nada.


4.6. Principios para redactar el informe o dictamen

En la redacción el dictamen procuro estar atento a los siguientes elementos:

·    -Eliminar el uso de ironías y sarcasmos. Por ningún motivo permitir que se asomen pues entorpecen el trabajo de todos los que participan en el proceso.

·    -Escribir el contenido del dictamen como si se estuviera comunicando directamente al autor o autora en una situación de intercambio profesional cara a cara. Hay que evitar la rudeza que puede suponer la comunicación impersonal: desactivar los modos de escritura que a veces usamos en redes sociales.

·   -Tomar consciencia de nuestro estado emocional al momento de realizar la evaluación: la erótica del poder sigue derroteros caprichosos y es mejor conocer cómo nos afecta en esas circunstancias. Hay que aprender a escucharse. Yo intento estar muy atento a mi estómago en este tipo de situaciones intelectuales. En realidad me pone de mal humor hacer este tipo de trabajo. Pero el o la autora del texto evaluado no tiene la culpa de que, por alguna razón, yo haya aceptado el encargo.

·   -Redactar con claridad y sencillez.

·   -Tener muy claro los objetivos, problemas y preguntas de investigación que propone el trabajo: me tengo que atener a éstos en todo el dictamen y nunca pedir cosas que los excedan.

·   -Hay que compartir dudas y opiniones con el equipo editorial de la revista.

 

 5. Otras observaciones:

5.1. Conflicto de intereses

El arbitraje debe ser de doble ciego: el evaluado no sabe quien lo evalúa y viceversa. Las revistas deben evitar cualquier marca que delate a los que participan en el arbitraje. Sin embargo, en muchas ocasiones es imposible no inferir quien es el autor o autora del texto que estamos evaluando. Cuando lo descubrimos hay que comunicarlo a los editores y especificar el vínculo profesional o personal que tenemos con el o la autora. Suelo aportar toda la información pertinente a la revista y dejo a su criterio la decisión sobre mi idoneidad como evaluador. Si el o la autora del artículo es alguien con el cual he tenido algún roce, pugna o conflicto profesional o personal, entonces rehúso terminantemente a hacer la evaluación. Es lo mejor, créanme.

 

5.2. Disputas académicas negociables

Muchos temas de investigación, lejos de tener consenso en las maneras en que se estudian o en sus conclusiones, son objeto de disputas y discusiones en ocasiones encarnizadas entre las diferentes comunidades de investigación que se ocupan de ellos. Es muy probable que algún texto sujeto a evaluación se posicione con algún punto de vista que no compartimos. ¿Qué hacer cuando nos descubrimos del bando contrario al que defiende el trabajo que evaluamos? Si de manera militante no estoy de acuerdo de entrada con las metodologías, principios, teorías o discursos que emplea o en los que se sitúa el artículo, independientemente de lo que este diga o haga con ellos, entonces lo mejor es rechazar el arbitraje. Por más que me esfuerce, es muy probable que no sea capaz de percibir ningún aporte en un artículo que se inscribe en una línea de trabajo que de antemano rechazo. Pero si mi diferendo es puntual, acotado, y no militante acepto continuar con la evaluacion. En ocasiones encuentro que las propuestas del el texto tienen sentido desde la propia lógica del espacio académico desde donde trabaja su autor o autora. Sin embargo, si en el artículo no se mencionan las diferentes corrientes o puntos de vista que animan la discusión de ese tema de investigación, en mi evaluación solicito que en una nota el pie se explique que hay comunidades de investigación que tiene métodos u opiniones distintas. No tiene porque explicarnos a fondo sus diferendos. Simplemente ha de informar que estos existen y hacer referencia a los trabajos donde se pueden encontrar estas otras posturas. Que sean los lectores que tomen saquen sus propias conclusiones. 

 

5.3. Recomendar bibliografía personal

Hay quien se llega a aprovechar del proceso de arbitraje para imponer citas a sus trabajos o los de sus colegas cercanos. Esto simplemente es inadmisible. En este punto, sin embargo, me enfrento a un dilema recurrente. En mi cotidianeidad profesional, cuando alguien me consulta o simplemente quiero dar mi opinión sobre algún tema que he trabajado, por economía cognitiva suelo expresar mi pensamiento sobre el mismo a través de enlaces a mis propios textos. Prácticamente todos son accesibles gratuitamente en línea. Ahí están los argumentos, razones y reflexiones sobre aquello sobre lo cual, en ese momento, preferiría ahorrarle esfuerzo a la memoria. De alguna manera para eso escribo: para poder olvidarme de esos asuntos que han ocupado de forma punzante mi cabeza durante algún tiempo y para dedicar el resto de mis días y materia gris a, simplemente, reenviar enlaces. Si dedico tantos esfuerzos a mis textos, es que para que, a largo plazo, hagan ese trabajo por mí.

En muchas ocasiones, cuando evalúo algún texto, hay observaciones, debates, argumentos y bibliografía de la cual me he ocupado en algún escrito propio. De hecho, en algunas ocasiones he dedicado algunos párrafos de mis trabajos a atender malentendidos, debates o simplemente delinear mi postura frente a recurrentes temas resbalosos que aparecen en los textos que evalúo. Mi primer impulso, entonces, es remitir a un enlace para que el o la autora evaluada busque por sí misma la información que intento transmitir. En muchas ocasiones lo evito, pero hay momentos en que me resulta imposible. Sea como fuere, si en un dictamen llego a hacer una invitación a revisar un texto mío, siempre la acompaño de la indicación de que no es necesario citarlo o mencionarlo en el trabajo. Sin ninguna clase de excepción, estos reenvíos jamás los incluyo en la parte de mi informe donde detallo las correcciones obligatorias (ver sección 4.5, apartado 3). Los puedo hacer en cualquier otra parte pero nunca ejercer presión para que sean mencionados en el texto evaluado. Lo siento, nadie es perfecto.

 



[1] Conozco colegas que anotan la referencia bibliográfica completa en la nota al pie, pero la omiten del listado de referencias final para ponérselo más difícil a los algoritmos bibliométricos y resistirse a ese computo de citas arbitrario.

[2] En alguna ocasión, algún editor despistado me ha enviado el artículo completo desde el primer correo. Ese intento de ahorra tiempo no procede. Si yo no he aceptado realizar el arbitraje, no he sellado el pacto de confidencialidad que implica esa tarea.

3 de agosto de 2018

Escribir en inglés

"Para que tus trabajos académicos sean más leídos, citados y obtengan mejores puntuaciones en los índices de impacto y sistemas de evaluación tienes que publicar en inglés". ¿Quién no ha escuchado esta letanía?. Hace unos meses una querida colega me decía que la razón del éxito de uno de sus trabajos más citados es que está escrito en inglés. Hablaba de un muy buen capítulo en un libro colectivo que publicó en una de esas prestigiosas editoriales "PlopPlopPlop University Press".[1]

Malévolamente le pregunté qué hubiese pasado de haberlo publicado en inglés, sí, pero en otro medio, como en la revista TRANS- Revista Transcultural de Música que admite colaboraciones en varios idiomas; es de acceso abierto, es decir, está en línea, es gratuita y cualquiera la puede leer; pero no posee el mismo prestigio internacional de esas editoriales. "Es verdad", reconoció, "en TRANS no hubiera tenido tanto éxito". Entonces reflexionó en voz alta: "su éxito se debe entonces a que además del inglés, está publicado en la 'PlopPlopPlop University Press'".

Yo añadí que, muy probablemente, en su amplia difusión y enormes citaciones influyera que está publicado en una colección de temática realmente innovadora y cuyos editores (únicos autores que figuran en la portada) son muy conocidos y prestigiados en su campo. Y entonces surgieron las contradicciones. Siempre surgen cuando se habla de esto. Mi amiga reparó en que esta no podía ser una causa pues otros capítulos del mismo libro no tenían ni por asomo tantas citas como el suyo. Pero… ¿acaso éstos no están escritos también en inglés y han sido publicados por la misma editorial? Algo no cuadra en la argumentación.

Ni publicar en inglés ni publicar en las prestigiosas … "University Press" garantizan, en todo momento, obtener ni más difusión ni más citas. En algunos casos puede ser una condición necesaria, pero no siempre es suficiente. Puede que aumente la probabilidad de recepción por la cantidad de anglo lectores, pero más allá de la estadística, en este tema se conjugan gran cantidad de factores y variables que hay que considerar. Por ejemplo, ciertos temas pueden ser de interés sólo en determinados nichos académicos muy localizados geográfica y lingüísticamente. También hay factores de oportunidad coyuntural. De pronto ciertos temas, autores, perspectivas o metodologías se ponen de moda en determinados lugares generando nichos localizados ávidos de nuevos estímulos. También juega un papel importante el perfil del o la destinataria del artículo y la profundidad y perspectiva del mismo.

Hace unos meses participé en una larga y fatigosa ciberdiscusión con varios colegas de la IASPM-AL denominada "La supremacía del inglés". En ella abordamos asuntos en extremo dispares como la preocupante hegemonía del inglés en la producción académica mundial y su influencia en los sistemas de evaluación del trabajo académico; en los índices de calidad que jerarquizan las revistas académicas; en la difusión y recepción de nuestra producción académica, etc.

De ese intercambio aprendí algunas cosas que me interesa compartir aquí si bien muchos de estos puntos pueden requerir de mayor reflexión e incluso información.

La supremacía del inglés
En un mundo globalizado, las redes, comunidades y escenas de investigación son cada vez más transnacionales y requieren de una lingua franca para comunicarse. Publicar en inglés, en principio, dotaría a los y las investigadoras de todo el mundo de igualdad de oportunidades para difundir y discutir su producción. Pero plantea también muchos problemas. Ese idioma se está volviendo hegemónico sin importar la lengua materna y de trabajo habitual de les autores.

Por un lado, sabemos los intereses privados, económicos y corporativos que están detrás de la financiación, validación y publicación de la investigación en varias ramas del conocimiento. Por lo regular esos intereses se comunican en inglés. Por otro lado, cada lengua crea una cosmovisión particular del mundo y que el conocimiento se vehicule en un único idioma tendría inevitables consecuencias epistémicas, éticas y políticas.

Pero hay un punto que me preocupa particularmente. Si el inglés se volviera la lengua exclusiva de difusión del conocimiento, millones de personas en el mundo entero quedarían excluidas de él. La uniformidad lingüística crearía más desigualdad.

Sin embargo, no todos los campos de conocimiento se anglofonizan con la misma intensidad. Mientras que en las ciencias duras, experimentales, tecnológicas y los campos con gran repercusión económica, este proceso es rápido, en las humanidades es diferente y más aún en ciertos estudios sobre música. Nuestros colegas que se dedican a la tecnología, sonología, psicología, neurología, psicología, cognición y quizá la teoría musicales, por lo regular, requieren con mayor premura insertarse en comunidades de investigación angloparlantes. En cambio, el ritmo de homogeneización linguïstica es distinto en los estudios de la música en su contexto de significación social, es decir, desde una perspectiva culturalista.

En su excelente libro La Supremacía del inglés en las ciencias sociales (detonante del debate), el brasileño Renato Ortiz señala el aumento exponencial de la producción escrita en inglés en esta área de conocimiento de académicos de Brasil y China. Sin embargo, los que estudiamos las músicas populares latinoamericanas, seguimos leyendo a nuestros colegas brasileños (aún) en portugués y tenemos mucho menos conocimiento de la musicología china que de sus calcetines baratos. Nuestro entorno no se ajusta a la macro estadística. Vamos retrasados en la anglofonización y esto puede deberse a la naturaleza de nuestro objeto de estudio. Por lo regular, muchos de los no luso-hispano parlantes que estudian las músicas populares latinoamericanas simplemente tienen que aprender nuestras lenguas para enterarse de algo.[2] También es probable que en nuestra pequeñísima área de trabajo esté aplicando esa sutil distinción entre ciencias sociales y humanidades.

Sea como fuere, este retraso nos da un poco más de tiempo para reflexionar, reaccionar, y sobre todo, actuar.

Producir vs. traducir
Muchos de nuestros colegas que publican esporádicamente en inglés realmente no producen conocimiento en ese idioma. Más bien reciclan contenidos que ya están circulando en sus respectivas escenas de investigación locales. Es decir, una cosa es la producción académica en inglés y otra la traducción y recirculación de la producción académica en las lenguas "subalternas".

Quienes producen conocimiento en inglés suelen estar arraigados en redes o comunidades de investigación angloparlantes: publican regularmente en sus revistas, asisten a sus congresos, imparten cursos frecuentes en sus universidades, discuten con otros especialistas en el mismo idioma, etc. Muchos de los que publicamos esporádicamente en inglés, permanecemos estables en nuestra escena local o regional y sólo nos asomamos a las redes angloparlantes excepcionalmente. Por lo regular, lo que pudiéramos generar de conocimiento original en inglés, tarde o temprano terminará circulando en nuestra lengua.

Un problema grave es cuando un recurso humano de nuestras escenas de investigación produce exclusivamente en inglés. Veamos un ejemplo. Con el objetivo de dar a conocer las investigaciones musicales de nuestra región a un público internacional más amplio, algunes de mis colegas de la IASPM-AL publicaron este libro colectivo en inglés:
 
Mendívil, Julio, y Christian Spencer, eds. 2015. Made in Latin America: Studies in Popular Music. Routledge.

Según Google scholar, el libro se ha citado en tres trabajos escritos también en inglés:[3]



Kouvarou es una estudiosa griega que realizó estudios de posgrado en Durham y su cita al trabajo de mis colegas les otorga sin duda un éxito en su estrategia de difusión. En cambio, Faustino es brasileño y López-Negrete es mexicano y pertenece también a la IASPM-AL. Ambos escriben sobre música de sus países y trabajan y estudian en instituciones latinoamericanas comunicándose habitualmente en sus respectivas lenguas. No sé cómo estos dos colegas dialogan con el libro Made in Latin America en sus artículos. De lo que sí estoy seguro es que si entre nosotros comenzamos a comunicarnos en inglés, entonces ¡estamos perdidos! Este es, en mi opinión, uno de los riesgos más importantes de la anglofonización de la producción académica.

¿Pero qué otros alicientes "objetivos" hay en publicar en inglés?

Los rankings
Creemos que publicar en inglés favorece automáticamente nuestro posicionamiento en el factor de impacto e índices de evaluación de la calidad de las publicaciones académicas. Es verdad que hay muchísimo más publicaciones en inglés que en castellano o portugués que puntúan alto en estos odiosos índices. Sin embargo, esto no es una ley universal. Veamos un ejemplo:

Para el sentido común de la mayoría de mis colegas, publicar en Ethnomusicology, en inglés, vale más que hacerlo en castellano o portugués en Latin American Music Review (LAMR).[4] Según el Scimago Journal & Country Rank, uno de los índices que se suelen emplear para las evaluaciones (y como todos, con intereses económicos sobre la producción científica), en el año 2008 ambas revistas se ubicaron en el segundo cuartil (el primero sería el máximo). Pero Ethnomusicology sólo llegó a un factor de 0,111 mientras que LAMR subió hasta 0,125. Esto quiere decir que los 4 artículos publicados en castellano y portugués en ese año en LAMR valen lo mismo o más, para este índice, que si estuvieran publicados en inglés en Ethnomusicology.

Los imaginarios a veces no se corresponden con la realidad de las métricas.

Esto no hace mejores a los índices ni a los sistemas de
evaluación que debemos seguir criticando implacablemente pues, entre otras cosas, siempre van a favorecer a las revistas en inglés. Simplemente nos habla de que el sistema tiene fisuras y contradicciones y siempre que hay contradicción en el sistema, hay posibilidades de acción a nuestro favor. Pero también nos dice mucho de los prejuicios dominantes en relación a la publicación en inglés.

Publicar en inglés nos va a dar más citas
Relacionado con el anterior, este es otro ideologema que se repite constantemente. Durante la discusión mencionada eché un vistazo a plataformas que contabilizan nuestras citas como Google scholar, Scopus o Web of Science (WoS). Hurgando en los perfiles de varios colegas iberoamericanos que publicamos esporádicamente en inglés, noté que la tendencia es que nuestros artículos más citados son siempre los que están escritos en nuestra lengua principal de trabajo. Los que trabajamos en áreas hispano-lusófonas tenemos más citas en los artículos escritos en estos idiomas, pero también los y las colegas iberoamericanas que trabajan en otras áreas lingüísticas no anglófonas, suelen tener también más citas en sus idiomas de trabajo principal como el alemán o el francés. Sólo nuestres colegas que trabajan en países anglófonos tienen más citas en sus trabajos en inglés.[5]

Esto es sumamente interesante pues habla de cómo se forman las redes de distribución, recepción, lectura y citación de nuestra producción. Además, sugiere que si queremos comprender la recepción de nuestro trabajo, incluyendo el dónde, quién y cuánto se cita, es conveniente rastrear el desarrollo de estas redes. Yo he seguido la red de citaciones de algunos de mis trabajos a partir de la información de Google scholar y es muy revelador descubrir para quién trabajo y el uso que se le da a mi producción.

Lo evaluadores son anglofílicos
Los colegas que suelen evaluarnos en las distintas agencias de nuestros países suelen puntuar más alto las publicaciones en inglés. Definitivamente, comparten los mismos prejuicios de nosotros en relación al valor de publicar en ese idioma.

Desafortunadamente los sistemas de evaluación a los que sometemos regularmente nuestro trabajo son discrecionales y diferidos. Lo único que podemos hacer, desde el mismo sistema, es agregar en nuestros informes de publicación las métricas de cada una de ellas según aparece en los diferentes rankings de factor de impacto e índices de evaluación, y esperar a que los evaluadores se fijen más en los datos cuantitativos que en sus prejuicios.

Con mucha frecuencia, cuando a algún colega español le recomiendo que publique en su idioma en alguna revista latinoamericana reconocida en los índices de referencia, inmediatamente pone reparos pues "esa revista aquí ningún evaluador la conoce". Pues no hace falta que la conozca: simplemente indica los índices en los que está y sus métricas. Y esperemos que use más su ética que sus prejuicios.


Las bases de datos y buscadores priorizan la información en inglés
Eso es verdad y por eso todos los artículos suelen tener un resumen en inglés además del idioma en que está escrito, para que entre en bases de datos y buscadores en "igualdad de circunstancias". Pero esto no es tan fácil. El orden de aparición de resultados en buscadores como Google scholar, por ejemplo, depende de numerosos factores. Pero aquí también tenemos cierta capacidad de acción.

Buscar información académica nunca es un ejercicio neutro: dependiendo del sitio donde busquemos estamos sujetos a políticas, ideologías, discursos e intereses específicos. Por ello, cuando busco información académica, de vez en vez, limito el rango de búsqueda a idioma español y/o portugués para conocer qué se ha escrito sobre el tema de mi interés en esas lenguas. Por otro lado, suelo hacer consultas abiertas a mis colegas en listas de discusión y redes sociales, preguntándoles si conocen trabajos en nuestras lenguas sobre ese tema. Los resultados pueden llegar a ser bastante interesantes.

Valor fáctico vs. Valor simbólico de publicar en inglés
Sin lugar a dudas existe un valor simbólico en publicar en determinadas revistas en inglés. Considero que este valor es anterior al establecimiento de los demenciales sistemas de evaluación cuantitativos actuales. Los que tenemos cierta edad, cuando éramos estudiantes ya soñábamos con publicar en Ethnomusicology, Popular music o Music Analysis antes que se inventara este sistema.

Sin embargo, en nuestro discurso suele aparecer con mucha frecuencia una confusión entre el valor métrico objetivo y el valor simbólico de publicar en inglés en revistas conocidas. Por lo regular disfrazamos el valor simbólico íntimo con una funcionalidad determinada (obtener más citas, tener mejores resultados de evaluación, difundir nuestro trabajo, etc.) sin verificar los resultados de esta estrategia. En este sentido, algunas de mis contribuciones para las "PlopPlopPlop University Press" han sido todo un fracaso estratégico. Y no soy el único.[6]

Nos quejamos más de lo que conocemos
Después de mucho discutir sobre el tema con diferentes colegas, creo que conocemos bastante mal cuáles son y cómo funcionan los sistemas métricos de valoración de nuestra producción. Tampoco estamos siempre conscientes de su particular aplicación en nuestros entornos de trabajo. Por más que los detestemos, con justificadas razones, como profesionales de la investigación estamos obligados a conocerlos bien. Por un lado, tenemos la responsabilidad de enseñar su funcionamiento a nuestros estudiantes. Pero aun para criticarlos o cuestionarlos en su totalidad, es necesario conocerlos a fondo. Incluso si lo que pretendemos es demolerlos, o mejor, proponer alternativas.

También desconocemos mucho las trayectorias de recepción de nuestros trabajos. Dónde, quién, cuándo y cómo se nos cita. Qué tipo de nicho académico alcanza nuestra producción. Qué es lo que hacen nuestros colegas con el conocimiento que generamos.

Publicación de proximidad
Buscando en nuestros perfiles en los recursos como Google scholar, Scopus o WoS, es posible constatar que en la difusión de nuestro trabajo, solemos ser animales de costumbres fijas: con mucha frecuencia publicamos recurrentemente en un número limitado de revistas. Hay cierto sentido de proximidad entre los medios de difusión de nuestro trabajo y nosotros. Los medios forman parte de nuestras escenas de investigación y otorgarles la distribución de alguna de nuestras producciones, parece que transita por una especie de corredor de confianza mutua.

En ¿Dónde publicar artículos académicos sobre música en castellano y/o portugués? he recopilado un centenar de revistas de las cuales 30 aparecen en los dos rankings de referencia internacional: el WoS (que comprende el Arts & Humanities Citation Index y el Social Sciences Citation Index) y el Scopus. Algunas de estas revistas poseen métricas bastante competitivas.

Para elaborar este listado pregunté entre mis colegas dónde suelen publicar. Pero muchas otras que están muy bien posicionadas, son completamente desconocidas en mis escenas de investigación. Las encontré siguiendo el rastro de las publicaciones en castellano o portugués de colegas comunicólogos, filólogos, literatos, filósofos y otros especialistas de prestigio en las ciencias humanas y sociales. De entre esas publicaciones seleccioné las revistas mejor puntuadas. Entonces busqué en ellas artículos sobre música: si alguien publicó en ellas temas musicales, entonces cualquiera de nosotros lo puede hacer. El resultado son autores, temas y problemáticas musicales difundidas en castellano y portugués en revistas que no conocíamos ni yo ni mi entorno y que son bien tratadas en los índices de evaluación.

Preparados para la acción
El sistema funciona así: los índices y rankings de referencia internacional como los que ofrecen las bases de datos WoS y el Scopus, sólo admiten revistas que citan mucho a otras revistas que aparecen en ellos mismos. Para que una cita a un trabajo nuestro figure en ellos, nuestro trabajo deberá, primero, publicarse en una revista incluida en sus bases de datos y, segundo, deberá ser citado por otro artículo que haya sido publicado en otra revista también incluida en las mismas. Así de circulares y endogámicas son las reglas del juego. Los organismos gestores de la investigación de cada país suelen generar sus propios rankings e índices. Pero el funcionamiento es similar y su gestión simplemente es igual de canalla.

Una gran cantidad de revistas donde solemos publicar aun no entra en las bases de datos antes mencionadas. Muchas están trabajando para ser admitidas. Técnicamente es cuestión de tiempo, como lo es que todas nuestras citas sean reconocidas por los rankings globales, regionales o nacionales. Pero por el momento vamos muy, muy atrasados. Como autores y autoras, si es nuestro deseo, tenemos mucho margen de acción para colaborar con los gestores de esas revistas en su empresa de integrarlas a esos sistemas de evaluación. También podemos hacer mucho para colaborar con una crítica a profundidad del sistema, en sus partes o en su totalidad. Lo que no podemos hacer, en mi opinión, es seguir trabajando sin conocer a fondo el sistema y sin tomar posiciones responsables ante él.

Estas pasan por generar alternativas, realizar propuestas e implementar acciones frente a esta realidad. La queja constante y los discursos victimistas (muchas veces racializados: "el problema es que somos latinoamericanos"; "somos del sur") que se limitan a la enumeración infinita de agravios, sólo colaboran a constituirnos en sujetos pasivos. En lo personal, en mis clases y escritos prefiero colaborar a la construcción de subjetividades dinámicas, críticas, creativas y actuantes que se miren a sí mismas y a su producción académica como pares legítimos de cualquiera en el mundo sin importar la lengua en que se comuniquen. 

Como autor, mi objetivo fundamental al escribir es generar conocimiento pertinente que llegue a quien lo necesite. Por eso trabajo bastante para que la mayor parte de lo que genero esté disponible gratuitamente en línea. Pero como académico profesional, necesito tener puntos en los rankings. Por ello intento compatibilizar ambos compromisos de manera crítica y con inventiva.

Estamos condenad@s a convivir y sobrevivir a estos sistemas. Nuestras instituciones nos obligan a cumplir con ellos. Podemos hacerlo con imaginación, sin dejar de criticarlos, sin asumir pasivamente sus lógicas, promoviendo su transformación y proponiendo alternativas, incluso si éstas pasan por dinamitarlos.

El inglés en nuestras vidas
Existen muchos colegas que legítimamente quieren
integrarse a las comunidades de investigación que se comunican en inglés. Están en todo su derecho. Pero existen también instituciones que obligan a sus docentes a realizar este movimiento. Eso es inaceptable. Como es inaceptable que por difundir mi producción académica en mi lengua de trabajo, el sistema me penalice. Las solución pasa por reconfigurar el valor que le concedemos al inglés.

Postdata
Durante ese debate generé como 4 o 5 propuestas diferentes para defendernos activamente de la injusticia de estos sistemas y de la desinformada anglofilia. Estas incluían iniciativas para lograr que nuestros libros, los grandes marginados en la evaluación, puntúen o algunos apuntes de buenas prácticas en publicación para afrontar estas arbitrariedades. Debo revisarlas a fondo antes de compartirlas aquí pues deben tener muchos defectos ya que tuvieron muy escaso recorrido y tibia acogida. Porque tod@s queremos poner sobre la mesa propuestas y alternativas para la acción… ¿o no?






[1] Sí, esas que te sobreexplotan como autor y te exprimen hasta la ignominia como editor o coordinador de un volumen: tienes que hacerles todo el trabajo para luego ver como comercian con tu libro a precios obscenos sin que tu veas un céntimo de regalías. Académicos artistas solemos pagar por nuestro cv.
[2] Mi «Notes for a Prehistory of Mambo» (2016), según Google scholar, no tiene citas aun pero su versión en castellano del 2009 tiene cuatro citas: una en castellano (tesis), dos en inglés (tesis) y una en japonés (artículo).
[3] Espero que en tres años el libro tenga muchas más citas. De lo contrario cabría replantarse la eficacia de este tipo de estrategias.
[4] Esta revista acepta artículos en inglés, castellano y portugués.
[5] Esta es la tendencia general que descubrí. Puede cambiar con los años y había un par de casos donde un trabajo en inglés era citado tanto como alguno en su lengua de trabajo habitual. Pero nunca lo superó y la impresión es que se trataba de un one hit wonder.
[6] Mi "Spanish Popular Music through Latin American eyes" (2013), figura en Google scholar con una sola cita en una revista española destinada a jóvenes investigadores. "Music and Post-Communist Subjectivities in Cuba" (2014) tiene sólo dos citas. Una en una tesis en la universidad de Miami y la otra de un colega brasileiro.

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