9 de febrero de 2021

Objetividad vs. Subjetividad: una oposición inoperante


1. Introducción

A finales de diciembre de 2020 se estrenó la serie documental Rompan todo: La historia del rock en América Latina (Talarico 2020). El pretencioso título, algunos de sus contenidos y las fechas de lanzamiento (vacaciones navideñas) entre otras cosas, propiciaron intensas discusiones entre sus espectadores. Se le criticó, por ejemplo, la completa exclusión de bandas brasileñas; la en ocasiones caprichosa e incompleta selección de bandas abordadas; su deficiente documentación previa; la elección de personas entrevistadas; la ausencia de testimonios de especialistas en historia y estudios académicos; la exclusión de mujeres en el relato principal o el destacar proyectos relacionados con alguno de los productores del documental. Por ello, muchos comentaristas no dudaron en calificar la serie como afectada de subjetividad. Mi colega y amigo Julio Mendívil observó la insuficiencia de este último adjetivo pues la subjetividad es una característica de la investigación incluso la que realizamos los y las académicas profesionales: “¿qué creen que hacen las historias? Pues justamente eso: ser subjetivas…” (Mendívil 2020).

La noción de subjetividad como juicio sobre cualquier artefacto epistémico ya sea un libro, un artículo académico, un documental masivo o cualquier otro dispositivo que construya y comunique conocimiento; se fundamenta en la limitada oposición binaria objetivo-subjetivo. Los principios que sustentan está dicotomía antagónica son en extremo frágiles y dependen más de creencias que de criterios analíticos. Uno de los muchos problemas que ofrece su empleo indiscriminado es que no sólo dificulta un diagnóstico profundo sobre las deficiencias específicas de cualquier comunicación epistémica, sino que las encubre: nos impide observar con claridad las fisuras de la argumentación o afirmaciones que se hacen sobre un objeto de estudio. Detrás del epíteto “subjetividad” se esconden problemas más específicos de la comunicación académica como la arbitrariedad, los sesgos, la negligencia, la tendenciosidad, etc. Distinguir este tipo de problemas es importante en el trabajo académico porque sin ello no podemos identificar dónde está el fallo en el dispositivo, enmendarlo u ofrecer contraargumentos más eficaces para desecharlo.

Pese a que esta dicotomía está sujeta a discusión desde el último tercio del siglo XX, el público en general y aun académicos profesionales siguen usándola a diestra y siniestra impidiendo una comprensión más justa sobre el funcionamiento de la producción de conocimiento. En la Música cuenta expuse que la subjetividad no es un resabio o defecto residual de la investigación en las humanidades, sino una condición consustancial a ésta. Para quienes trabajamos en el ámbito de la investigación académica profesional en esta área, es importante conocer sus características y funcionamiento a niveles sutiles. Este texto sólo aborda algunos elementos generales. Una discusión a fondo sobre este tema es mucho más compleja y seguramente le dedicaré algún artículo más formal. Comencemos por analizar nuestras creencias y prejuicios sobre las nociones de objetividad y subjetividad.


2. Creencias sobre la objetividad y la subjetividad

Nuestras creencias sobre la objetividad se fundamentan en el principio de que los objetos del mundo tienen propiedades que son independientes de las posibilidades y limitaciones perceptuales de quien los observa. Por ello, creemos, éstas son estables y tienen la capacidad de ser medidas o computadas. Siguiendo este ideologema, creemos que sólo es posible hacer una investigación solvente si somos capaces de capturar estas propiedades inmanentes y autónomas y si logramos superar nuestras limitaciones perceptuales. Como complemento, asumimos que todas nuestras construcciones teóricas, incluyendo categorías y conceptos, se limitan a representar fielmente las cualidades de los objetos estudiados. Si existe una realidad objetiva, entonces podemos decir cosas objetivas sobre ella y valorarla con juicios de verdad absolutos: nuestras tesis serán verdaderas o falsas, sin más. La ciencia provee el método para llegar a esta objetividad librándonos de nuestras limitaciones perceptuales y subjetivas: la objetividad es el medio de la racionalidad

(Lakoff y Johnson 1998, 229-31).

Por otro lado, creemos que la subjetividad se relaciona con percepciones e intuiciones individuales, solipsistas incluso, que guían nuestra conducta y juicio. Asumimos que prioriza los sentimientos, intuición y espiritualidad sobre la razón, ofreciendo resistencia al pensamiento lógico-racional: es el medio ideal de la imaginación (Lakoff y Johnson 1998, 231-32). De este modo, consideramos que la subjetividad mina la razón e invalida una investigación académica solvente: es un obstáculo en el propósito de alcanzar la verdad. Por ello, hay que eliminarla o al menos evitarla.

No tengo espacio aquí para discutir en profundidad cada una de estas creencias y mostrar su inconsistencia y fragilidad. Por el momento abordaré el problema de la manera siguiente. Consideremos estas dos expresiones que representan dos fenómenos del mundo: 1) La silla de trabajo que estoy usando en este momento mide 53 centímetros del suelo al asiento. 2) Esta es una de las mejores sillas de trabajo que he tenido en toda mi vida. Estoy muy contento con ella pues puedo estar horas escribiendo cómodamente sin sentir molestias en la espalda y con sus ruedas soy capaz de deslizarme de forma rápida y divertida hasta alguna de las estanterías de mi estudio para tomar el libro que necesito en ese preciso momento. El aserto 1 es un dato objetivo. Cualquiera que mida mi silla debería obtener la misma cantidad. Por el contrario, el aserto 2 es una opinión subjetiva. No se limita a expresar cualidades inherentes. Comunica experiencias personales, emociones y sensaciones. ¿Qué tipo de investigación podríamos hacer en música si nos limitásemos a estudiar elementos como los del aserto 1? Las gran mayoría de los problemas de investigación de los que nos ocupamos en la investigación humanística de la música son mucho más complejos y se parecen más al segundo aserto. En efecto, nos encargamos de preguntas como: ¿por qué al recibir un encargo Beethoven decidió escribir ex novo la que ahora conocemos como la Cuarta sinfonía en vez de terminar la Quinta que ya había comenzado?, ¿para quién compuso Haydn su Sinfonía 80?, ¿en qué medida Ligeti se basó en patrones texturales de algunos cuartetos de Bartók para componer la textura principal del último movimiento de su Segundo cuarteto y con qué estrategias desarrolló esta misma textura en obras posteriores como el octavo movimiento de las Diez piezas para quinteto de alientos y Ramifications?; ¿qué impacto hubiera tenido en la historia del rock si la Decca no hubiera rechazado a los Beatles y estos no hubieran colaborado con el productor de George Martin en sus primeras grabaciones para la Parlophone?; ¿cuáles son los criterios estéticos con los cuales los aficionados del trap, el reggaetón, la improvisación libre o el arte sonoro distinguen las piezas malas de las buenas?; ¿qué tipo de comunicación establece con los tambores batá un participante de un ritual yoruba cuando entra en trance y cuál es el significado de esta práctica para esa persona y para su cultura?; ¿cómo es la experiencia identitaria de un inuit del Caribou cuando performa su canto personal ante su comunidad?

En nuestro trabajo hay cuestiones extraordinariamente básicas que no se pueden responder de forma categórica y simple. Un ejemplo: para determinar la forma del cuarto movimiento del Cuarteto 11 op. 95 de Beethoven que trabajé en La música cuenta consulté cuatro fuentes. Cada una proponía una esquematización formal distinta. No hay manera de definir en términos simples la forma de este movimiento. Por el contrario, hay que introducir argumentaciones, referencias, peroratas que aboguen a favor de la solución que consideramos adecuada. Si la definición de este aspecto en apariencia tan básico está sujeto a discusión, imaginemos que capacidad de “objetivación” tenemos cuando nuestro objeto de estudio es el significado expresivo de esta misma pieza, los mecanismo de ironía que podemos leer en ella o la importancia o significado que tiene en la historia de la música de arte occidental. Aquí las creencias comunes sobre la “objetividad” se nos escurren entre las manos. En mi opinión, no se puede atender ninguna de las preguntas de investigación mencionadas sin ejercer una subjetividad. Y ahora expliquemos qué es la subjetividad pero ya no desde nuestros prejuicios y creencias, sino desde la argumentación académica.


3. Qué es la subjetividad

Como especifiqué en La música cuenta (López-Cano 2020, 73-75), la subjetividad es un derecho que tenemos para ejercer una visión del mundo (Kramer 2011). Este derecho no es natural; nos lo ganamos a puntapiés a partir de revoluciones e ilustraciones que permitieron reconocer que los seres humanos somos más que materia a administrar por un gobierno. En efecto, somos agentes transformadores de la sociedad y destinatarios principales de la gestión del estado. Ahora bien, este derecho lo ejercemos desde cierto aprendizaje explícito o tácito. Nuestra interacción en los entornos socioculturales en los que crecemos nos envuelve en discursos, sistemas de valores y principios legales, morales y éticos. Esta exposición nos hace construir específicas preferencias políticas, estéticas, sexuales, teóricas, afectivas, deportivas o de cualquier otra índole. A lo largo de nuestra vida asumimos diferentes posicionamientos frente estos discursos y valores. Desde ahí decidimos someternos a las reglas del mundo, quebrantarlas o cambiarlas. En efecto, somos portadores y reproductores de cosmovisiones determinadas. Esos posicionamientos, esos lugares desde donde percibimos, valoramos y tomamos decisiones para interactuar con el mundo, es lo que constituye la subjetividad. La subjetividad no es la interpretación arbitraria y sin fundamento del mundo: es un lugar desde donde se construyen sus significados (López-Cano 2020, 406).

Desde esta perspectiva, podemos definir la noción de subjetividad en la investigación académica como la influencia que ejercen en nuestras observaciones, análisis y argumentaciones, distintas determinaciones sociales que nos afectan personalmente. Ente éstas se encuentran nuestra etnia, el género que ejercemos o la condición social y económica a las que pertenecemos. También forman parte de éstas nuestras preferencias políticas, sexuales, teóricas, de modelos de familia, etc., que nos hacen ver y comprender el mundo de determinada manera. Leemos y comprendemos al mundo desde esta condición que por cierto es más cambiante y fluida de lo que solemos pensar: la subjetividad no es una posición estable y perene; cambia con el tiempo y varía con las situaciones a las que nos enfrentamos (Mansfield 2000).

Pero la subjetividad no un resabio, un defecto indeseable que deberíamos eliminar. Es la condición por medio de la cual el conocimiento es posible. Sin ella no podríamos decir nada valioso sobre el mundo: nos limitaríamos a reproducir de manera descriptiva y acrítica lo que vemos o creemos ver. Por supuesto que nuestra subjetividad introduce sesgos y tendencias que pueden influenciar de muchas maneras la investigación. Sin embargo, una cosa es ejercer una subjetividad, ser consciente de ella y saberla gestionar en la investigación académica y otra es no respetar las reglas que nos impone este espacio profesional.

Es importante subrayar que la subjetividad no es un marco solipsista de valores individuales. Las subjetividades son espacios poblados por todos aquellos sujetos que comparten determinada visión sobre algunos aspectos del mundo en situaciones específicas. De este modo, la subjetividad es el lugar desde donde ciertos sectores sociales dan un sentido compartido a la realidad. Por otro lado, la subjetividad se ejerce desde diferentes posiciones de sujeto entendidas como el lugar epistémico desde donde construimos un punto de vista determinado; el punto vigía desde el cual comprendemos e interpretamos al mundo (López-Cano 2020, 405).[1] Los artefactos epistémicos tienen la misión de construir en sus receptores determinadas posiciones de sujeto. Si estos últimos aceptan sus reglas del juego y pactan el marco de intercambio de conocimientos, entonces se instalan en esas posiciones. Desde ahí pueden apreciar las consideraciones, interpretaciones o predicaciones que se hacen sobre la realidad que estudian. Si no se es capaz de ocupar esa posición, no hay posibilidad alguna de transferencia de conocimiento.

Este pequeño texto también intenta construir una posición de sujeto y ubicarte en él mientras lo estás leyendo. Como todo artefacto epistémico, busca que las personas que lo lean realicen dos tipos de trabajos críticos. El primero consiste en que, desde la misma posición de sujeto propuesta por este artefacto, los y las lectoras activas evalúen la solvencia de las observaciones, argumentaciones e hipótesis propuestas y descubran sus limitaciones, errores o contradicciones. El segundo trabajo es salir de este posicionamiento y observar sus contenidos desde diferentes marcos axiológicos o teóricos. Estos movimientos permiten el debate y discusiones entre diferentes comunidades de investigación lo cual constituye una parte fundamental de la investigación académica profesional de nuestro tiempo.

 

4. Pasa en las mejores familias

La subjetividad no es exclusiva de las humanidades. Las ciencias sociales más cuantitativas y aún las llamadas ciencias duras como la física o la biología también ejercen diferentes modos de subjetividad. Veamos un caso. El gran Albert Einstein no estaba de acuerdo con algunos de los principios fundamentales de la mecánica cuántica que irónicamente fueron desarrollados gracias a sus propios descubrimientos. A lo largo de su vida rechazó categóricamente el principio de un universo abierto, incierto y azaroso que aquella defendía con la famosa frase “Dios no juega a los dados” (Stone 2015, 2). Por supuesto que el físico expresó su rechazo también con refinados argumentos científicos (Ballentine 1972). Sin embargo, su posicionamiento se debió también a una firme convicción cultural. Esta posición de sujeto la ejerció también en una famosa conversación que tuvo en los años treinta con el poeta indio Rabindranath Tagore. Lo que en un principio se planteó como un debate sobre concepciones de la verdad entre un poeta y un científico, se convirtió muy pronto en la constatación de dos maneras de ver el mundo desde dos tradiciones culturales-religiosas: una desde el hinduismo, la de Tagore; y la otra desde el judaísmo, la de Einstein. Durante la charla, Einstein expresó la naturaleza de sus creencias de manera hiperbólica e irónica: “No puedo demostrar que mi concepción es correcta, pero es mi religión… ¡Entonces yo soy más religioso que usted” (Prigogine 1993, 44-45).

En La CreaciónCientífica (1986), uno de los más interesantes ensayos sobre la actividad científica, Abraham Moles observa cómo algunas decisiones metodológicas realizadas por los científicos responden más a preferencias estéticas que a posibilidades lógicas. También menciona los momentos en que la investigación procede por intuición o lógicas no lineales, destaca las fases heurísticas de la actividad científica y el impacto dentro de ella de serendipias y epifanías (López-Cano 2019). Muchos de estos momentos dependen de determinados posicionamientos subjetivos. Por otro lado, Press y Tanur (2001) presentan numerosos casos históricos en que grandes científicos como Galileo Galilei, Johannes Kepler, Isaac Newton, Charles Darwin, Louis Pasteur, Gregor Mendel, Marie Curie, o Albert Einstein entre otros, usaron su subjetividad en investigaciones cruciales. Esto no quiere decir que en los resultados finales y en sus argumentaciones, las investigaciones que hayan incorporado estos procesos no cumplan los requisitos de forma y contenido de la investigación profesional en sus determinados campos. Por eso son valiosas. Pero esto tampoco significa que sean buenas pese a la subjetividad de los y las investigadoras. Significa que son buenas, también, gracias a ella.

 

5. Diagnósticos certeros

Calificar un artefacto o comunicación epistémica de “subjetivo” no dice absolutamente nada. Esto es un juicio vasto y perezoso pues la subjetividad está implícita en cualquier acto de comprensión del mundo. Como ya he mencionado, esto no hace sino invisibilizar los posibles defectos e insuficiencias concretas que afectan a un artefacto epistémico en sus diferentes niveles: (1) la elección de muestras para el análisis, recuento de elementos del fenómeno a estudiar o el proceso de recolección de datos en general; (2) en el análisis o interpretación de las informaciones recolectadas y (3) en la construcción argumental con que presentamos y defendemos nuestras conclusiones, hipótesis o tesis.

Puede ser que no compartamos la posición de sujeto implícita en una enunciación epistémica. En este caso es probable que la investigación no tenga errores evidentes: simplemente su posicionamiento escapa al espectro de nuestra posiciones de sujeto. Por otro lado, es verdad que algunos errores pueden derivar del el ejercicio de determinada subjetividad. Pero no todos se relacionan con ésta. Entre las insuficiencias que nada tienen que ver con la subjetividad se encuentran las siguientes: introducir informaciones falsas que por consenso ya han sido descartadas en la investigación profesional o generar argumentos falaces. Por ejemplo, está comprobado que Beethoven no fue el primer compositor que se ganó la vida ejerciendo su profesión de manera independiente de la corte o de la iglesia; que el festival de Woodstock no fue en 1968 y que ni Josquin des Pres ni Lennon- McCartey compusieron factualmente todas las piezas que se les atribuyen. Ahora bien, hay conocimientos que actualmente están en discusión intensa. Algunas comunidades de investigación sostienen que el tipo de sordera que padecía Beethoven le dificultaba la interacción social pero le impedían escuchar internamente la música que componía. Según esta perspectiva, el impacto de las dolencias auditivas en la trayectoria artística del coloso de Bonn es ínfimo cuando no inexistente. Por el contrario, otras investigaciones insisten en considerar que dada su condición auditiva, su ejercicio compositivo constituye uno de los mayores milagros de la historia. Con ello, estas perspectivas afirman la vigencia del esquema del mito heroico que se aplica tanto al análisis de su música como a la interpretación de su vida. En este tipo de casos podemos asumir una u otra postura y defenderla; pero nunca debemos pretender que la nuestra es la verdad oficial negando la existencia de los y las colegas que sostienen la opinión contraria.

Las diferentes comunidades de investigación académica profesional poseen pautas explícitas y tácitas para el buen desarrollo metodológico y ético de su trabajo. Sin embargo, existen muchas maneras de hacer trampas a estos principios. No estudiar críticamente y a profundidad los conceptos fundamentales que empleamos en un trabajo, no hacer sus respectivas genealogías conceptuales y limitarse a mencionarlos sólo a través de citas de segundas o terceras fuentes pretendiendo que los hemos leído de sus fuentes directas, también es hacer trampa. Trampas son también las diferentes formas de plagio y apropiación indebida de informaciones y discursos de investigación ajenos. Algunas deficiencias en la recolección de muestras, ejemplos y casos a estudiar es otra forma de trampear las reglas. Aunque tengamos fuertes convicciones en relación a alguna hipótesis que queremos demostrar, los criterios de recolección y análisis de información deben estar en función de los procesos habituales de discusión académica.

Otro error frecuente que no se puede atribuir a la subjetividad es el desaseo intelectual. Lo que concluimos debe derivar lógicamente de las premisas que presentamos con anterioridad. Los procesos de inferencia deben apegarse adecuadamente a los dispositivos de la inducción, deducción o abducción. Del mismo modo, las interpretaciones o inferencias complejas no pueden ser caprichosas, deben atenerse a los criterios de plausibilidad. En ciencias humanas, el aseo intelectual no sólo está en la lógica abstracta que regula cada argumentación. Una parte importante de la solvencia del dispositivo argumental recae en el uso adecuado del lenguaje. Desarrollar limpiamente una interpretación, desde su concepción lógico- argumental hasta el despliegue literario con el que la comunicamos y que puede estar plagado de importantes resortes persuasivos, no solo debe regularse con parámetros éticos. Conocer y aplicar los principios de la exégesis forma parte fundamental de la metodología de las ciencias humanas y es nuestro deber conocer su funcionamiento, límites y alcances.

Los errores por negligencia, es decir por descuido en el ejercicio profesional (RAE 2020) o la incompetencia entendida como “falta de pericia, aptitud o idoneidad para hacer algo o intervenir en un asunto determinado” (RAE 2020), no son atribuibles al ejercicio de determinada subjetividad. Muchas veces el término “subjetivo” se emplea en realidad como sustituto de otro adjetivo más justo y preciso: “arbitrario”. Una cosa es desarrollar un ejercicio de investigación profesional desde una posición de sujeto determinada y otra trabajar a partir de una “libre voluntad o al capricho antes que a la ley o a la razón” (RAE 2020). Esto último es arbitrariedad.

Ahora bien, creo que existen un conjunto de problemas que podrían derivarse de diferentes maneras de la subjetividad si nuestras posiciones de sujeto no se gestionan adecuadamente durante el proceso de investigación. Entre estos se encuentra la parcialidad entendida como una serie de prejuicios, prevenciones, propósitos o intenciones previas que actúan “a favor o en contra de alguien o algo” y propician “la falta de neutralidad” o ponen en peligro nuestra “rectitud en el modo de juzgar o de proceder” (RAE 2020). Estas predisposiciones pueden conducirnos a desarrollar investigaciones tendenciosas, es decir, parciales y demasiado influidas por ideas predeterminadas. En estas circunstancias podemos caer en determinados sesgos en nuestra producción de conocimiento. Recordemos que un sesgo es un “error sistemático en el que se puede incurrir cuando al hacer muestreos o ensayos se seleccionan o favorecen unas respuestas frente a otras” (RAE 2020). Existen muchos tipos de sesgo como el de de atribución, confirmación, anclaje, etc. Pero obsérvese bien que los errores son parcialidad, tendenciosidad y sesgo, no la subjetividad.

Cuando investigamos sobre el reggaetón, el feminismo o los problemas de género en la música, o cuando trabajamos teóricamente desde la perspectiva de los estudios poscoloniales, ¿podemos afirmar que lo hacemos desde la más impoluta imparcialidad? Yo creo que no. Creo que toda persona que investiga se sitúa en un posicionamiento subjetivo que provee, sostiene y afirma convicciones, ideas y prejuicios entendidos como presaberes que influencian de un modo u otro toda una investigación desde el momento de la elección del tema, hasta sus conclusiones. Si como he afirmado y repito, el conocimiento relevante en humanidades emerge necesariamente de una posición de sujeto determinada, entonces, en mi opinión, la diferencia entre una buena investigación y una deficiente no está en la presencia o ausencia absoluta de posicionamientos subjetivos, sino en su gestión y su impacto en la calidad de todo el proceso.

 

6. ¿Qué hacemos con la subjetividad?

Lo peor que podemos hacer es ignorar estos dilemas y fingir que no existen; que podemos ser “objetivos”, “racionales” e “imparciales” sin más. Se puede potenciar esta pretensión y luchar a toda costa contra la subjetividad y esforzarnos conscientemente hasta lo indecible para alcanzar la “objetividad” plena. En mi opinión este ejercicio es inútil. Si lo intentamos, lo más probable es que simplemente nos desplacemos de una posición de sujeto a otra. Creo que lo más honesto es asumir el problema e introducirlo en nuestra agenda de trabajo. Lo primero es ser conscientes de cuáles y cómo son esas posiciones desde donde analizamos la realidad. No para pretender eliminarlas, minimizarlas o evitarlas. Simplemente para conocerlas y, en consecuencia, comunicarlas a las personas destinatarias de nuestro trabajo: informar desde dónde estamos analizando, reflexionando e interpretando la realidad que estudiamos. En muchos encuentros de investigación artística o a través de la práctica artística, he visto exposiciones que comienzan con la presentación sociocultural e ideológica de las personas que realizaron la investigación.[2] Esto contextualiza todo el conocimiento que viene después y permite una comprensión diferente del mismo. Existen excelentes etnografías como la de Fernandes (2006) que se toman la molestia de explicitar en su introducción sus opiniones políticas y afectivas ante la realidad que van a analizar. Esto abre a una comprensión muy diferente de toda la investigación (López-Cano 2010). Por ejemplo, a mí me ha permitido comprender su trabajo desde otra perspectiva y reutilizarlo conscientemente desde un posicionamiento distinto (López-Cano 2014). Que tengamos una posición de sujeto determinada no quiere decir que no sigamos las reglas del juego de la investigación académica ni disculpa los errores o deficiencias antes mencionadas.

En consecuencia, hay que conocer los postulados, prejuicios y presaberes implícitos que portamos con nosotros e intentar explicitarlos y, en su caso, convertirlos en hipótesis de trabajo que nuestra investigación debería contrastar. Tampoco está de más abrirse a ocupar de vez en vez posiciones de sujeto alternativas y ejercer la empatía para con los trabajos y colegas que sostienen tesis distintas a las de nosotros. Seguir las pautas de juego académico no está reñido con abrirse a la sorpresa. Esto es un juego: pero con reglas.

 

Referencias

Ballentine, L. E. 1972. «Einstein’s Interpretation of Quantum Mechanics». American Journal of Physics 40 (12): 1763-71. https://doi.org/10.1119/1.1987060.

Beard, David, y Kenneth Gloag. 2005. Musicology: The Key Concepts. Nueva York: Routledge.

Clarke, Eric. 1999. «Subject-position and the Specification of Invariants in Music by Frank Zappa and PJ Harvey». Music Analysis 18 (3): 347-74.

Fernandes, Sujatha. 2006. Cuba Represent!: Cuban Arts, State Power, and the Making of New Revolutionary Cultures. Durham y Londres: Duke University Press Books.

Kramer, Lawrence. 2011. Interpreting Music. Berkeley Calif.; London: University of California Press.

Kuhn, Annette, y Guy Westwell. 2012. «Subject-Position Theory». En A Dictionary of Film Studies. Oxford University Press.

Lakoff, George, y Mark Johnson. 1998. Metáforas de la vida cotidiana. Madrid: Cátedra.

López-Cano, Rubén. 2010. «Reseñas de Las diáspora cubana en México. Terceros espacios y miradas excéntricas de Tanya N. Weimer; La luz, Bróder, la Luz. Canción cubana contemporánea y Concierto cubano. La vida es un Divino Guión de Joaquín Borges Triana y Cuba represent!. Cuban Arts, State Power and the Making of New Revolutionary Cultures de Sujatha Fernandes». TRANS. Revista Transcultural de música 14: artículo 33.
———. 2014. «Music and Post-Communist Subjectivities in Cuba». En Music and Youth Culture in Latin America. Identity Construction Processes from New York to Buenos Aires, editado por Pablo Vila, 132-56.
Oxford ; New York: Oxford University Press.
———. 2019. «La estética en la investigación científica». Papeles sueltos (blog). 26 de agosto de 2019. 
———. 2020. La música cuenta. Retórica, narratividad, dramaturgia, cuerpo y afectos.
Barcelona: Esmuc.

Mansfield, Nick. 2000. Subjectivity: theories of the self from Freud to Haraway. NYU Press.

Mendívil, Julio. 2020. «Rompan todo». Comunicación en lista de correo. 20/05/2011. IASPM-AL.

Moles, Abraham. 1986. La creación científica. Madrid: Taurus.

Press, S. James, y Judith M. Tanur. 2001. The subjectivity of scientists and the Bayesian approach. Nueva York: Wiley.

Prigogine, Ilya. 1993. ¿Tan solo una Ilusión? Barcelona: Tusquets.

RAE. 2020. Diccionario de la lengua española. Edición del Tricentenario. https://dle.rae.es.

Stone, A. Douglas. 2015. Einstein and the quantum: The quest of the valiant Swabian. Princeton University Press.

Talarico, Picky. 2020. Rompan todo: La historia del rock en América Latina. Serie documental. Netflix.

Törrönen, Jukka. 2001. «The Concept of Subject Position in Empirical Social Research». Journal for the Theory of Social Behaviour 31 (3): 313-29.

 



[1] Para una introducción al papel de la noción de posición de sujeto (subject position) en ciencias sociales, véase Törrönen (2001). Para su uso en estudios del cine véase Kuhn y Westwell (2012). Para sus usos en musicología véase Clarke (1999) y Beard y Gloag (2005, 133-35).

[2] El problema aquí es que, en muchas ocasiones, estas investigaciones no pasan de este punto.

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